Horas más tarde Faltaba poco para el anochecer, cuando Eru y Noah ya se encontraban instalados en una posada. La habitación donde estaban contaba con dos camas, y además esta tenía el privilegio de tener un baño con tina. Eru en ese momento, se encontraba afuera en el balcón de la habitación, viendo el paisaje, observando como pasaban las personas en carretas, carruajes, y como poco a poco los humanos iban cerrando sus negocios para ir a sus casas. El ambiente le parecía muy interesante a Eru, al punto que su rechazo hacia los humanos iba bajando conforme los minutos transcurrían, puesto que, estos humanos que veía en aquel pueblo, no se comparaban a los del palacio, como lo eran los esclavos, quienes siempre parecían tristes, cansados o asustados, los guardias, siendo déspotas y violento

