ELIZABETH Noah llegó después de unas horas. Al entrar, me plantó un beso suave. Después se metió en la ducha. Cuando salió, me hice la dormida para no hablar con él, pues me sentía molesta por no haberme llamado ni enviado algún mensaje. Sin embargo, fue imposible ignorar sus besos en mis pies, los cuales me hicieron reír. Mi enfado se disolvió en ese instante y, con cada caricia suya, mi resistencia se esfumó por completo. Me rendí a su voluntad, como siempre, y pronto caí exhausta entre sus brazos. Al despertarme esta mañana, recordé la cita que tenía respecto al proyecto. Me alisté con mis mejores prendas y me arreglé un poco más de la cuenta. —¡Mm! ¿Por qué tan linda hoy? —dijo Noah mientras terminaba de vestirse. —Tengo una reunión muy importante —respondí, devolviendo la sonrisa

