ELIZABETH. Decidimos casarnos un mes después de la boda de Janet. Y ahora, aquí estoy, vestida de novia, mirando a Noah con lágrimas en los ojos mientras nos prometemos amor eterno. El “sí, acepto” resonó entre sonrisas y suspiros. La celebración fue grandiosa, llena de risas, lágrimas y alguna que otra persona un poco pasada de copas. Sara ganó el ramo, y Sebastián celebró como si acabara de anotar un gol en un mundial al ver que lo había ganado. Nuestra noche de bodas fue mágica; Noah me llevó al éxtasis de emociones que nunca creí posibles. Tuvimos que posponer la luna de miel debido a que no quería arriesgarme por el embarazo, y sobre todo a las terapias de mi madre. Al abrir los ojos el día siguiente, sus suaves besos me trajeron de vuelta a la realidad. —Despierta, amor mío, te
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