Después De La Tormenta

3858 Palabras
La historia de este mundo está llena de  grandes civilizaciones que dominaron regiones vastas durante años y en cuestión de horas encontraron su fin a manos de seres despiadados cuyo único interés estaba en las riquezas y el poder. Faraones, jeques, reyes y emperadores han habido en grandes cantidades alrededor del mundo, todos con la convicción de ser inmortales en los anales del tiempo de forma permanente aplastando gran multitud de vidas a su paso para cumplir su deseo; pero sin importar que tan fuerte los golpees existen pueblos que se niegan a ser silenciados y apabullados bajo el yugo de intereses tan vanos como esos. En el puerto sin tierra, cientos de civiles se dispusieron a detener a quienes buscaban destruir todo lo que ellos conocían, los inmovilizaron y llevaron hasta la terminal a esperar que los vagones de carga regresaran de la isla para llevarlos a la sede de los cazadores, donde se le daría un juicio por sus acciones violentas que buscaban terminar con la paz y la prosperidad de la isla y sus habitantes. Pero esa necesidad de justicia estaba arraigada a la sangre de su gente en general, pues en la ciudad bahía, la región campesina del norte y las zonas mineras al este y oeste de la isla también se habían armado durante la noche para detener a quienes estaban acabando con la vida de sus amigos, hermanos, padres, hijos y pareja. Muchos resultaron gravemente heridos ante el enfrentamiento contra expertos en combate, y cientos más perdieron la vida pero un estaban dispuestos a entregar su libertad sin pelear; y fueron bendecidos con el apoyo de los guardianes de la isla. Estos guardianes fueron escogidos por el mismísimo señor de la tierra Agror y habían permanecido durante los últimos 400 años peleando junto a la gran tribu de jade, interviniendo solo cuando era necesario, escondidos la mayor parte del tiempo. En la zona norte los campos seguían humeantes mientras varios nativos golpeaban a mano limpia a líderes de los mercenarios al tiempo que ancianos, mujeres y niños lloraban y acomodaban los c*******s de sus seres queridos bajo la sombra de abejas carroñeras que se lanzaban contra los c*******s de los animales que con tanto esfuerzo y dedicación habían sido cuidados por los habitantes de este lugar y yacían sobre las cenizas del trigo, maíz y demás regalos que la tierra estaba guardando para sus trabajadores como recompensa por su esfuerzo. -¡solo dos semanas malditos!- grito con furia un corpulento anciano que se estaba batiendo a duelo contra un mercenario mucho más grande que él, aun así se las había arreglado para partirle las piernas y encajarle la rodilla en el abdomen para finalmente arremeter con una serie de fuertes golpes directo a su rostro –mi esposa trabajo durante veinte años para lograr tener un pedazo de tierra que fuera suya, solo unas pocas hectáreas, y murió justo después de esta siembra sin ver los resultados de su arduo trabajo, y cuando solo faltaban dos semanas para que pudiésemos cosechar, ustedes desgraciados quemaron todo sin siquiera pensar en nuestras vidas- el anciano detuvo su ataque mientras lagrimas llenaban sus ojos, varios jóvenes lo ayudaron a ponerse de pie al tiempo en que una muchacha lo abrazaba y lloraba junto a él. En la zona minera del este, el patio de lo que quedaba de una refinería de gemas estaba repleto de c*******s, uno junto a otro, una mujer alta de tez pálida y unas ojeras pronunciadas  se quitaba el casco para dejar caer su polvorienta y cabellera negra que ya dibujaba varias canas en ella, se acercó a un gran portón que ordeno que abrieran y con una lista fue pronunciando nombre tras nombre de sus trabajadores fallecidos durante el ataque de la noche que apenas llegaba a su fin. En el oeste el anciano de espeso bigote dejaba ver su calva en el patio frente a los cuerpos de los fallecidos obreros para asegurarse de que la lista de empleados de la planta fuese verificada y así saber si se habían podido recuperar todos los cuerpos de las ruinas –he visto ir y venir a tantas personas que ser testigo de la muerte de tantos jóvenes a los que privaron de su oportunidad de hacer grandes cosas me es algo muy lamentable, tal vez es hora de retirarse y volver a la montaña- se cuestionó con los ojos cerrados, respirando profundo, tratando de evitar que las lágrimas salieran frente a sus subordinados. -señor, ¿lo interrumpo?- una mujer de cabello corto y con la cara lleno de hollín se acercó al hombre con una carpeta abierta -dime Greta, que necesitas- respondió el anciano en un tono cansado, harto de recibir malas noticias, pero que otra cosa podía esperar en ese momento. -revise la lista del sector 8, más de 20 veces señor, hay 8 personas que no aparecen por ninguna parte- -ya aparecerán cuando estemos limpiando los escombros, seguro están debajo de algo, o tal vez ya son polvo- -pero, señor Albert- Greta comenzó a dudar, respiro profundo y continuo–vine porque no reconozco los nombres de la lista, quizás usted sepa quiénes son para así informar a sus familiares- Albert entendió perfectamente a la mujer, ella era la supervisora del área de trituración de rocas, era común que desconociera sus compañeros de otras áreas, pues las jornadas eran largas y los transportes estaban programados por zona pues la refinería era enorme, por el contrario Albert recorría todas las instalaciones y con el paso del tiempo se fue grabando cada rostro de cada persona que trabajaba allí, era fácil para el recordar nombres y asociarlos a su puesto de trabajo, si alguien podía saber quiénes eran esas personas lo más seguro e que fuese él –bien, déjame ver- dijo dando la vuelta y estirando su brazo. Luego de recorrer las líneas varias veces, la sorpresa se pudo notar en su rostro. -¡sucede algo señor?- pregunto Greta un tanto preocupada -no reconozco estos nombres- admitió con una evidente inquietud en su rostro. Tras unos segundo se silenció aparto su mirada de la lista de asistencia de esa noche y apresuradamente puso marcha al único lugar que quedaba de pie en las instalaciones, las oficinas administrativas. Al mismo tiempo, en la ciudad bahía, el jefe tribal observaba como las personas de manera voluntaria salían a trabajar y ayudar a reconstruir lo que los vándalos habías destruido la noche anterior. Los auto-carros se movían apresuradamente y los auto-rieles cargaban materiales de construcción junto a obreros dispuestos a dejar su hogar tan limpia y ordenada como debe estar. Algunos limpiaban con agua y lejía mientras los últimos heridos que quedaban fuera de las sede de gobierno eran llevados al centro de sanación. Sami se acercó a el por un costado y este le sonrió –ha sido una larga noche novata, pero todavía tenemos mucho que hacer- dijo mientras se daba vuelta y regresaba al interior del edificio – ¿tienes noticias para mi recolectora Sami?- -las zonas mineras ya empezaron la limpieza, todavía no tienen una cifra concreta pero se estiman unas 528 personas fallecidas por el momento, los poblados del norte apagaron todas las llamas pero ya el fuego había consumido gran parte de las siembras, hay una gran cantidad de heridos y son pocos los cazadores que están el al zona, por el momento no sabemos nada mas- -¿Qué se sabe del puerto sin tierra?- -están esperando que envié vagones de carga para traer a los 2500 prisioneros que los civiles atraparon tratando de hundir embarcaciones llenas de cargamentos sin procesar para su importación, los recolectores solicitan apoyo para poder procesar y registrar lo ocurrido señor- En esa última oración, Sami se notó más entusiasmada. Cruzaron por varios pasillos y subieron las escaleras hasta llegar al piso donde se encontraba el despacho del jefe –diles que en cuanto se desocupen les enviaremos refuerzos, ¿estatus de la ciudad?- -El centro de sanación está a un 75% de su capacidad, todavía están recibiendo a mercenarios que están heridos y civiles que quedaron atrapados en los disturbios, pero todo apunta a que pueden trabajar sin ningún problema, aparte la limpieza de las vías públicas fluye con normalidad y en cuanto termine las calles aledañas a la sede se les permitirá el paso a los civiles- -nos inundaran en segundos ¿ya llego el personal administrativo de gobierno?- -aun no señor, y tengo la certeza de que nos faltara personal- Se detuvieron en la puerta del despacho, tongo tenía sus manos en la perilla pero no la giro, volteo a ver a la chica y le dirigió una sonrisa –sabía que tenías algo especial niña, gracias por tu arduo trabajo, pero como ya te dije, no hemos terminado. Solicita una reunión de emergencia con los jefes de cada región, los jefes de los astilleros y el gremio de comerciantes, luego ve al terminal y bajo mi nombre, ordena que se envíen vagones de carga para trasladar a los mercenarios y pide ayuda a los civiles para custodiarlos, si tuvieron la fuerza para detenerlos seguro la tendrán para vigilar que ninguno se escape, una vez allí, presta ayuda a los recolectores y organízalos, de seguro tienes mucho para ofrecerles a esos cascarrabias- La joven trato de ocultar su emoción, toda su fatiga de la noche anterior se había desaparecido de golpe, dio un saludo y se retiró apresuradamente para cumplir con sus órdenes, mientras tongo abría las puertas de su despacho dejando que esa sonrisa desapareciera de su rostro –lamento haberle hecho esperar mi señor- dijo sin siquiera levantar la mirada para observar al individuo que yacía de pies tras su escritorio, observando el paisaje a través de la ventana del despacho. -la isla ha crecido a grandes pasos, siempre manteniendo las tradiciones de sus pueblos, fieles a sus creencia, con sus corazones llenos de bondad y la voluntad de trabajar fuertemente por conseguir lo que desean, pero esos los convierte en blancos fáciles Tongo, has cometido los mismos errores de tus antecesores- Agror hablaba calmadamente mientras se giraba para ver mejor al jefe tribal, quien se había tirado al piso de rodillas con su frente tocando el piso -¿Qué estás haciendo?- -mi señor, he permitido que nuestros enemigos ataque a mi gente y acaben con años de trabajo duro y sacrificio, no soy merecedor de ser el jefe, escoja a otro de entre las diversas tribus de la isla- El señor de la tierra dejo escapar un suspiro, miro a tongo con una expresión neutral, se agacho y le hizo levantar la cabeza para que sus ojos se encontraran –cometiste errores, y eso es de humanos, pero no por eso dejaras de ser el líder tribal, no hay ningún motivo para que estés de rodillas frente a mí, me ofendes, así que levántate y toma tu asiento, tenemos mucho de qué hablar.   Para cuando el sol de mediodía estaba en lo más alto del cielo, las calles de la ciudad bahía estaban limpias y las oficinas del despacho de gobierno estaba repletas de personas prestas a presentar algún reclamo en relación con los actos ocurridos la noche anterior. Muchos de ellos para solicitar indemnización por supuestos daños causados a su propiedad o simplemente para desahogarse y armar una escena en el lugar debido a la desinformación y el estrés emocional causado por tanta incertidumbre. Gritos, golpes y tecleo de las máquinas de escritura resonaban por todo el lugar cuando Albert y Greta llegaron al recinto y caminaron hacia las escaleras sin cambiar miradas con nadie. Se podía notar que se había aseado antes de dirigirse al lugar, Greta tenía su rizado cabello suelto y su piel morena clara estaba limpia de todo sudor y el hollín. Vestía una falda holgada negra que llegaba más debajo de sus rodillas y una chaqueta de dos botones de color gris sobre un cuello de tortuga n***o que le daba un porte de elegancia, era difícil llegar a pensar que trabajaba en una planta de refinería de gemas. Subieron por las escaleras hasta el tercer piso, caminaron y dieron vuelta por varios pasillos hasta llegar  a una puerta doble de madera oscura con adornos plateados en forma de aves, unos guardias les detuvieron para verificar su identidad –todo en orden, son los últimos en llegar señor Bunker, señorita Stone, sean bienvenidos- dijo con una amable sonrisa para luego abrirles la puerta. Al entrar un escenario donde se levantaba un atril con forma de árbol, su base parecían raíces que brotaban del mismo suelo de la tarima, se podía notar el relieve y la forma de un viejo tronco a lo largo de su eje que se iba haciendo más ancha conforme iba llegado hacia la parte superior, tomado ya la forma de varias ramas frondosas repletas de hojas; varios adornos de metal con forma de nido y aves iban adornando la estructura mientras que algunas gemas le daban un detalle casi imperceptible pero artístico. El resto del lugar estaba lleno de butacas acolchadas de colores verdes y las paredes de tonos de verde más oscuro, con luces que entraban directamente del exterior por varias ventanas dispuestas a lo largo de la sala, para darle un aspecto sombrío al lugar, y sobre la tarima un tragaluz enorme permitía que el sol diera directamente sobre el atrio, donde una joven con aspecto de secretaria dirigió unas palabras –bienvenidos, gracias por venir en tan poco tiempo, ahora que todos han llegado les pido que tomen asiento, el jefe tribal ya viene en camino- dijo para luego bajar corriendo del escenario. El pequeño auditorio podía abarcar a 30 personas fácilmente, y ya todos los asientos estaban siendo ocupados; Albert y Greta estaban sentados en la última fila, lejos del escenario. -toda una locura lo de anoche tío Albert- una mujer de tez pálida se les acerco y se sentó junto a Albert luego de dirigirle una sonrisa a Greta- es impresionante que a pesar de las rigurosas normas de entrada, una gran cantidad de criminales capaces de semejantes actos estuviesen viviendo entre nosotros de forma tan placida- su cabello n***o estaba trenzado haciendo que resaltaran un poco más las canas que destellaban, mientras una capa de maquillaje trataba de disimular un poco sus grandes ojeras. -incluso el más arduo de los trabajos puede tener sus errores, ellos solo se aprovecharon de eso para atacarnos de forma cruel y despiadada- respondió Albert estirando su mano para agarrar la de la joven –seguro han tenido mucho trabajo en el este, no dejes que te consuma como lo hizo con tu padre cariño- -papa se hubiese vuelto loco si hubiese tenido que pasar por esto, en cierta forma estoy feliz de que no esté vivo para enterrar a sus camaradas y consolar a sus familias, al menos en eso soy mejor que él- -se te dan bien esas situaciones difíciles Emily, pero no tanto como el señor Albert, gracias al jefe he podido mantener mi mente despejada para hacer mi trabajo durante este desastre, sin el creo que la planta del oeste sería un caos- Greta miro a Emily y le paso una carpeta amarilla, la chica tomo una igual a esa y la intercambio, soltó la mano de Albert y comenzó a revisar los documentos.  -es triste que la señora Nicté perdiera a todos sus hijos varones en un solo día, Quenua apenas tenía dos días en la oficina de exportaciones- los documento detallaban los daños causados a las plantas, así como el total de muertos, heridos, desaparecidos y un informe de ingeniería explicando el motivo de la destrucción de las refinería –Iktan era quizás el más prometedor de mis ingenieros, tenía mucho para demostrar- con la cara interna de la mano se tapó los ojos por un segundo, como quien limpia una lagrima justo antes de que salga. -este no es momento para lamentarse por lo que ya no están, es hora de tomar medidas, Tongo ha hecho un desastre durante su administración, jamás había visto a tantos extranjeros construyendo edificios y viviendo entre nosotros de forma tan pacifica, como si tuviesen más derechos que cualquier m*****o de la tribu- delante de ellos, en la fila conjunta, un hombre robusto de piel rojiza con un corte mohicano y aretes de hueso hablo con un tono de voz muy elevado, muchos de los presentes voltearon a verlo casi de inmediato mientras otros susurraban entre sí. -no te atrevas a expresarte de esa forma sobre el jefe tribal Chacte, quizás ha cometido algunos errores, pero ha puesto todo su esfuerzo en gobernar de la mejor manera posible, así como lo han hecho sus antepasados- Albert no dudo ni un segundo en defender al gran jefe de la tribu, pero rápidamente fue atacado por muchos otros asistentes a la reunión -Chacte tiene razón, en la zona noreste fuimos testigos de cómo esos extranjeros fueron llegado de a poco, instalando sus bares y trayendo esas máquinas que nos quitan el trabajo de cortar árboles y trabajarlos, ha sido muy difícil para nosotros evitar que acaben con la zona boscosa- -esos hombres han mantenido el orden en la zona norestes facilitando el acceso desde la ciudad bahía, sino hubiesen llegado todos ustedes tendrían que seguir transportando los arboles sobre carretas de caballos o en balsas por las peligrosas venas del rio, no entiendo de que se queja tanto señor Adahy- Greta confronto directamente al alto hombre de ojos saltones que se encontraba a unas cuantas butacas de su posición, pero este la ignoro completamente, la miro con cierto desprecio, como si su presencia en ese lugar no le fuera agradable. -para ustedes es fácil defender a tongo- sostuvo Chacte –ustedes son extranjeros y sus familiares también, pero su presencia ha alterado completamente la forma de vida de nuestra gente, nuestras costumbres y tradiciones se ven cada día más afectada por su estadía aquí, en lugar de contribuir con nuestro crecimiento nos están destruyendo lentamente, apoderándose de nuestra isla- Un alboroto poco a poco comenzó a formarse en la sala, solo Albert y Emily eran los únicos asistentes en la junta que no habían nacido en la isla. Albert llego cuando apenas tenía 15 años junto a su padre, un ingeniero que había sido contratado para trabajar en la ampliación de la planta de refinación del oeste, y su hermano mayor, quien trabajaba como el asistente de su padre. Emily por otra parte nació en la ciudad de las luces durante una cumbre a la que sus padres asistieron para hablar sobre las tecnologías implementadas en la isla para procesar las rocas  extraídas de la mina y convertirlas en gemas de energía, vivió allí hasta cumplir 5 años, cuando su madre enfermo, y paso el resto de su vida en la isla, este también era su hogar, y que los trataran de esa manera era algo muy doloroso. -lamento que mi piel sea blanca señor ¡ministro de agricultura!, pero mi familia ha dado la vida por los intereses de la tribu desde el primer día en que pisamos esta isla- a la mujer no le estaba haciendo gracia que la atacaran indirectamente a ella y a su familia, pues sus padres habían dedicado toda su vida a construir una industria de primera calidad que pudiese cumplir los requerimientos exigidos por el mismísimo señor de la tierra, y a su vez impulsara la economía de ese pequeño lugar. -no tiene por qué enojarse gerente general, déjeme recordarle que su familia llego aquí por petición del mismísimo jefe Emelec, y solo se quedaron porque eran unos delincuentes buscados en sus ciudades de origen, de no ser porque les abrimos las puertas usted ni siquiera existiría en este momento señorita, y de ser por mí, sacaría a todos los extranjeros de esta isla- Emily se levantó de su asiento de inmediato, tenía ganas de arrancarle los aretes e insertárselos en los ojos, pero una voz profunda resonó por todo el lugar e hizo temblar de miedo al robusto hombre. -es un alivio que usted no sea el jefe tribal, pero supongo que tampoco es digno de tener el cargo de ministro señor Chacte-  de pie el en atrio, un hombre alto, con larga cabellera y espesa barba estaba ojeando un libro enorme con paginas amarillentas, al verlo, todos quedaron en silencio –si son tan amables, siéntense, tengo un montón de cosas que discutir con ustedes, las cabezas de familia que gobiernas esta hermosa isla, y estoy más que seguro que muchas no le van a gustar- no levanto su vista ni una vez mientras hablaba, pero era imposible evitar sentir que te estaba viendo directamente-  en cuanto a usted, señorita Emily, y usted señor Albert, voy a pedirles que se sienten en la primera fila- -con todo respeto señor Agror, pero nosotros…- Albert quizo rechazar la petición de Agror, pero no le fue posible -insisto señor Albert, es importante- esta última palabra fue acompañada por una mirada directa hacia el anciano, quien miro a su asistente y camino junto a su sobrina hacia la primera fila del auditorio, justo frente al escenario y muy cerca del señor de la tierra y justo en un lado del jefe tribal Tongo.. Agror cerro de golpe el libro que estaba cubierto con cuero n***o y en letras doradas se leía “carta magna de derechos y deberes civiles” –los acontecimientos de anoche eran inevitables, han puesto las tradiciones por encima de todo, y eso estuvo bien por un tiempo, pero ahora es necesario adecuarse a los nuevos tiempos para poder mantener la calidad de vida de estas tribus. Déjenme recordarles que ustedes son un grupo protegido a quienes se les fue asignado un territorio donde vivir en paz y sin la opresión de reinado alguno, con tradiciones y culturas muy variadas; al igual que el arrecife de coral o la torre de babel, sin embargo ustedes son los únicos que cayeron bajo el dominio de alguna fuerza extranjera. De no ser por la intervención de la señora de la luz, la señora de los mares este humilde servidor, ustedes actualmente estarían bajo el mandato de familias como los Von Schmitt- Toda la audiencia presente estaba en total silencio, eran pocos los que sabían que Agror estaba en la isla, pero estar en su presencia en un momento como este era algo sin duda inesperado he impactante, pues no estaba para elogiar el trabajo que ellas y sus antepasados habían hecho, se sentía como si cuestionara cada una de sus decisiones, y atacara todo lo que habían construido hasta ahora. -ya he hablado con el jefe tribal, quien me pidió entregar su puesto, cosa que rechace inmediatamente, Takál no está capacitado para gobernar y aparentemente ninguno de ustedes es digno de tal puesto, tal como lo fueron sus antepasados, es decepcionante ver como esos rencores fuero pasando de generación en generación, pero después de 400 años, es intolerable para mí, llevaran este lugar a su ruina, así que he decidido cambiar las cosas-  
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