Los días siguientes pasaron relativamente tranquilos. Íbamos a trabajar y en ocasiones a cenar en algún restaurante, pero siempre teniendo las precauciones del caso. La policía todavía no se había comunicado con nosotros con respecto a los avances de la investigación. Asthon me decía que debíamos trata de continuar con nuestras rutinas, aunque ambos estábamos nerviosos por la relativa calma. Tener guardaespaldas ayudaba a tener esa tranquilidad. Las cosas entre nosotros estaban regular. Quería decirle cómo me sentía con respecto al tiempo que compartía conmigo y el que le daba a su hijo, pero me detenía porque sentía que no debía reclamarle por algo que para el era importante, amaba a su hijo y era lógico que quisiera para el mayor tiempo posible con él para recuperar el tiempo perdido.

