TREINTA.

541 Palabras

Gisel. Su habitación se sentía como estar en casa. Sus brazos rodeando mi cuerpo, su suave aliento empujando mi cabello, ninguno dijo nada, ambos sabíamos que debíamos hablarlo, sobre todo, debíamos decir en voz alta las palabras que no salían de nuestra boca. Pero ¿Cómo iba a hacerlo cuando me miraba de esa manera? Tan intensa y asombrosa, lo único que quería hacer era quedarme en esta posición para siempre. -¿Estarás bien?.- pregunto al fin. -Lo estoy.- se sintió como una verdad a medias. -Sé que soy un padre terrible, pero, joder, eres tan hermosa e increíble que no puedo evitarlo. Una sonrisa se curvo en mis labios incluso cuando sabia que estaba mal. Mi pierna se enredo con la suya y mi mano acaricio su pecho que subía y bajaba lentamente, su mano se deslizo por mi esp

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