-Lárgate con tu maldita esposa, no quiero tu lástima. —farfullo, seguido corrió hasta su celda, se tiró sobre la polvorienta cama y ahogó el gritó en ella. -¡Papito! ¿Por qué me dejaste sola? Con sus puños apretados, golpeó el viejo colchón, los gritos desgarradores no se hicieron esperar. Quienes cuidaban la celda la dejaron desahogarse, para ellos la muerte de un padre o madre era un dolor que no tenía consuelo. Alez salió del lugar con un dolor clavado en el pecho, estos últimos días habían sido los peores de su vida, y todavía debía soportar al día siguiente, en el que iría a despedir de su hijo. Las monjas se lo llevarían de vuelta al orfanato. La vida se le estaba derrumbando, los seres que amaba se estaban yendo uno a uno. Mientras tanto Osvaldo reía a carcajadas con Elena en l

