44.

898 Palabras

No regresé de inmediato a la casa. Me quedé en su puerta, helado, sin saber qué hacer, inmóvil. Pasaron tantas cosas por mi cabeza en esos instantes y no, ninguna buena. Pensé en golpear de nuevo, en insistir, en rogarle si era necesario y sí, golpeé muchas veces, intenté que me abriera, porque no podía rendirme, no podía perderlo, mi mente se negaba a aceptarlo y es por eso, que estuve allí por mucho tiempo, intentando que me abriera la puerta, porque debía escuchar todo lo que tenía para decirle, así que golpeé sin parar por horas, no sé por cuánto tiempo. Yo llegué muy temprano, a eso de las ocho y noté que ya era de tarde, porque el sol empezaba a caer, pero necesitaba hablar con él, que me abriera, pero no lo hizo ni aún con mis golpes o las mil veces que lo llamé sin parar. Mi cabeza

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