VEINTISIETE “Vaya, ¿cuántas armas hiciste para estos dementes?” preguntó Hades cuando llegaron al salón principal de Hefesto. “El salón debe haber medido kilómetros y kilómetros,” concluyó. “Sí, todas esas armas se ven elegantes, pero sólo son pedazos de metal, ya no tienen poder. He estado planeando este escape por mucho tiempo y necesitaba un arma para la ocasión,” le dijo mientras se movía al otro lado del cuarto a lo que parecía una cascada de metal derretido. “Genial, ¿hiciste algo nuevo para mí o tengo que usar mis viejas armas?” preguntó Hades mientras el dios metía la mano al metal que caía. Sacó algo que parecía más inspirado por la humanidad que por los dioses. Hades alzó una ceja. “Entonces, ¿este es tu plan?” le preguntó al ver a Hefesto sacar una pequeña ametralladora que pa

