Nathan fue a casa de Valentina durante los siguientes días, pero solo fue recibido por una alegre Sophie. Noah nunca bajó a recibirlo, y la única vez que lo hizo le dio una mirada indiferente, siempre le llevaba un pequeño regalo a él. Regalo que siempre se rehusó a aceptar. Realmente le preocupaba conquistar su amor. El miedo y la preocupación llenaron su corazón. Noah se aferraba cada vez más a Jonás, temía que su hijo nunca lo aceptara como padre. VALENTINA. Sin aliento, siguió soplando globos hasta que se sintió como el milésimo que había soplado en el día. No era sorprendente que la mayoría fueran rosados. Si Sophie hubiese decidido, todos ellos serían del mismo color. Pero, le guste o no, la mitad era azul. Una mano fuerte descansó en mi hombro mientras unos dedos me masajeaban e

