Después de guardar silencio, Valentina estornudo nuevamente y se frotó la nariz. —Estás resfriada – dijo Nathan, mirando a su alrededor – Buscaré algunas ropas para que te cubras, de todos modos, hay mucha ropa aquí. ¡Siéntate! —Nathan, trata de buscar una solución. Quiero salir de este lugar, no me gustan los espacios cerrados – Valentina sacudía la cabeza con impotencia. —¿Qué podemos hacer? – Nathan miro a su alrededor y descubrió, que además de espadas, lanzas y utilería de guerra. Había algunas telas, que podrían servir para cubrirla. El pulso de Valentina comenzó a acelerarse, parecía tener mareos y ya había una evidente sudoración. Respiro profundo para calmarse, y se obligó a tener pensamientos felices. ¿Por qué tenía que padecer de claustrofobia? Se levantó de un salto y se ac

