Ella se levantó, y tras besarme fraternalmente, me abrazó, disculpándose con lágrimas en los ojos, "teníamos que haber tenido más cuidado, lo siento, lo siento tanto, que.." no la dejé continuar. "No tienes que disculparte tita, no, por favor no lo hagas" la acompañe a su silla y le ofrecí una servilleta. Si es verdad que podían haberlo hecho de otra manera, en el taller, en casa de Andrés, o en un hotel. Pero el sexo y la lujuria nublaba sus sentidos. Charlamos sobre mi propuesta, su mayor reticencia era que con la excitación yo quisiera follarla, y eso no lo podía consentir. La calmé diciéndole que nunca lo haría, que a parte de ser mi tía la consideraba como una hermana mayor, y mi mejor amiga. Después del desayuno ella puso sus normas, quería mi compromiso de que solo miraría y solo

