El jueves había quedado con Ana, ella sabía que Rosa estaría presente, quedamos en mi casa después de trabajar. Ambas llegaron guapísimas, besé fraternalmente a Rosa y le di un buen morreo a Ana. Entramos en la habitación y nos desnudamos los tres, le dije a Rosa que tenía prohibido durante estos encuentros masturbarse ni tener un orgasmo de alguna manera. Solo observaría sentada en el sillón y haría lo que yo le pidiera. Comenzamos de pie junto a ella, besándonos y magreándonos, Ana se arrodilló y empezó a chupármela, recorrió desde la punta del glande hasta los huevos, dedicándoles un buen rato de lengüita, subió y se tragó entera mi polla. Una garganta profunda perfecta que Rosa vio en primera línea, ella se relamía, deseaba estar allí de rodilla y ser ella la que recibía toda mi polla

