Pues, aunque él no pudiese darle muerte sí podía mandar a otros que lo hiciera, e incluso podría prepararle una emboscada para que le diesen muerte en el camino de vuelta. Pero para cumplir lo prometido, marchó a la ciudad donde vivía el Rey, y que, aunque estaba lejos, no era mucho para un joven acostumbrado a andar todos los días con el ganado, pues en aquel entonces se tenía que ir a pie, pues los caminos no permitían otra cosa, y además las cabalgaduras únicamente las usaban los señores y soldados. Él como pastor que era no disponía de caballos y aunque el principal del pueblo podría haberle prestado uno para este menester, prefirió ir andando a pesar de que aquello le llevase más días de viaje. Resultó que la ciudad con estar a cinco días de camino, ya era mucho caminar para devolv

