Leobardo Era una completa locura lo que mi tío me había dicho, pero no se me ocurría nada más, así que lo haría. Justo el primer día, sucedido: entré al salón de clases como cada mañana. Siempre la veía en las sombras y ahora no sería diferente. Cuando ella entró, su mirada fue directa hacia mí. Yo volteé mi rostro hacia mi compañero que se encontraba a un lado, que hablaba sin parar, pero no le prestaba atención. La mayoría de los chicos solo hablan de cuál chica se llevarán a la cama esta vez, y tengo que confesar que era algo que no me interesaba. Pero cuando Richi hace la pregunta, yo me quedo sorprendido. —¿Y cuándo vas a invitar a Perla a salir? Toda la universidad sabe que se arrastra por donde tú caminas. Yo lo miro confundido, pues jamás había prestado atención a eso, así que

