Capítulo 7

3808 Palabras
Héctor y Alexandre llevaban un par de meses en una extraña relación, el mayor era demasiado dominante y aquel chico a veces se sentía intimidado por él. Había aprendido a pelear después de 1 año de entrenamiento, su padre estaba orgulloso de eso, pero ahora quería que se alejara de aquel chico y no parecía posible. ― Mi padre me pidió que termine contigo – dijo el menor mientras se sentaba a su lado – ― ¿Y le harás caso? ― Es mi padre – contestó tajante – ― Tú eres mío – Héctor tomó la mano del menor – quiero que sigamos juntos ― Pero, mi padre… ‒ el mayor jaló al menor tirándolo a la cama y colocándose encima de él – ― No me importa lo que diga tu padre – con su mano derecha apretó el cuello del menor – Te quiero solo para mí, ¿lo entiendes? El menor trató de librarse de aquel agarre, pero era fuerte y apenas podía respirar. ― Me-me haces da-daño – el mayor lo soltó y Alexandre empezó a toser – ― Lo siento, pequeño, – Héctor acercó su rostro al del menor – es solo que la idea de que te alejes de mí me produce mucho dolor – besó los labios del menor con fuerza obligándolo a abrir la boca – Alexandre volvió a casa después de lo ocurrido con Héctor, su cabeza estaba atormentada por lo que acaba de ocurrir. Sin embargo, no creía que fuera buena idea decirles a sus padres lo que había pasado. El menor aguantó la situación durante 1 año escondiendo de sus padres todo lo que estaba viviendo para no preocuparlos. Sin embargo, las cosas fueron creciendo de a pocos y se volvió incontrolable. Alexandre estaba regresando a casa después de clases con sus mejores amigos, Kevin y Alton, los 3 eran inseparables. A pesar de que Kevin ya no asistiera al colegio con ellos, él siempre iba a verlos al terminar las clases para ir juntos a casa, estaban riendo y conversando como siempre cuando apareció Héctor. ― ¿Puedo saber dónde mierda estabas? – preguntó tomando del brazo al más pequeño de los 3 y lo arrastró a un callejón ante la mirada de sus amigos – ― ¡Suéltame! ¡Me lastimas! – gritó el menor asustado – ― ¡Contesta la maldita pregunta! – Héctor empujó al chico contra un muro haciéndolo golpearse la espalda – ― ¡¿Acaso eres imbécil?! – gritó Alton corriendo hasta su amigo – ― ¡Lárgate de aquí! – gritó Kevin alejándolo de sus amigos – ― ¿Ustedes creen que pueden intimidarme? – rio – Inténtenlo ― Si no te largas, llamaré a la policía – Héctor ahora estaba serio – ― Inténtalo y tu hermano las pagará ― Toca a mi hermano – Kevin tomó del polo a Héctor – y te juro que te parto la cara ― Héctor, – esta vez habló Alexandre – solo estaba en clases, lo juro – su mirada asustada molestó a sus amigos – ― ¿Y por qué no contestabas? – Héctor seguía sostenido por Kevin, pero ni se inmutó – ― Me quitaron el celular, disculpa ― ¿Por qué mierda te disculpas después de cómo te trató este idiota? – preguntó Alton sosteniéndolo del brazo – ― No volverá a pasar, lo prometo – contestó Alexandre ignorando a su amigo – por favor, déjalos – Héctor se soltó de Kevin sin mucho esfuerzo y miró a su “novio” – ― Te veré después – respondió en tono frío y se marchó – Después de que Héctor desapareciera de la vista de todos, Alexandre cayó al piso abrazando sus piernas y llorando en silencio. Sus amigos se acercaron a él y se agacharon quedando a la misma altura, Kevin lo abrazó mientras el menor temblaba. ― Estamos aquí – susurró Alton mientras acariciaba su cabello – siempre estaremos aquí ― No quería que los lastimara – susurró el pequeño entre lágrimas – perdón por exponerlos ― Tonto – ahora Kevin era quién lo calmaba – no se atrevería a tocarnos, nunca ― ¿Por qué estás tan seguro? ― Porque nosotros no le tenemos miedo – Alexandre lo miró sorbiendo su nariz – te tiene entrenado para que le temas ― Quiero dejarlo – susurró el menor – ― Hazlo – dijo Alton sonriéndole – ― ¿Cómo? – Kevin suspiró – ― Utiliza lo que te enseñó, no solo para alejarte de la pandilla, sino para alejarte de él Después de aquella conversación Alton y Kevin ayudaron al menor a volver a casa, estaban preocupados por él. Al dejarlo con sus padres se sintieron más tranquilos y se retiraron cada uno a sus respectivas casas. Los padres de Alexandre se percataron del extraño comportamiento de su hijo, había pasado mucho tiempo y él había dejado de ser el niño sonriente que ellos recordaban. La preocupación de sus padres por él los llevo a averiguar lo que estaba sucediendo con su único hijo. Después de almorzar todos en la mesa, sus padres salieron con la excusa de hacer las compras. Sin embargo, nada más salir decidieron conversar con los mejores amigos de su hijo para descubrir lo que les estaba ocultado, sin saber lo que ocurriría después. Alexandre se encerró en su cuarto y se tiró a la cama para tratar de descansar cuando su celular sonó. Al mirar en la pantalla el nombre decidió no contestar, había tenido suficiente de Héctor por hoy. Sin embargo, las cosas no terminaron ahí, nada más cortar la llamada la puerta de su armario se abrió mostrando a un Héctor furioso. El menor trató de salir por la ventana, pero aquel chico se lo impidió y lo tiró a la cama colocándose encima de él. ― ¡Prometiste que no volvería a pasar! – gritó en el rostro del menor mientras sujetaba sus manos – ― ¡Héctor, suéltame! – gritó el menor asustado – ― ¡No! ¡Ahora vas a pagar por verme la cara de estúpido! Héctor colocó una pierna entre las del menor y las manos de él encima de su cabeza impidiéndole moverse. Luego se acercó al cuello del menor y besó y marcó como si fuera su propiedad. ― ¡Me lastimas! – gritó Alexandre tratando de hacer entrar en razón al mayor – ― ¡Eso te mereces por mentirme! ― ¡No te mentí! – gritó desesperado – ― ¡Claro que sí! ¡Y todo por salvar al idiota de tu amigo! – Héctor levantó el polo del menor y arañó su torso desnudo – ― ¡D-duele! – gritó el menor – ¡Para, Héctor! Después de 40 minutos, Héctor dejó libre a Alexandre. El menor estaba desnudo con marcas en su cuerpo y llorando en silencio. Mientras el mayor sonreía con arrogancia por lo que acababa de hacer. ― La próxima vez que vea a tu amigo – lo miró – le haré lo mismo que a ti ― No te atrevas a lastimarlo – susurró el menor con enojo – ― ¿Acaso te importa ese idiota? ― ¡Sí! – respondió dejando helado al chico - ¡Es mi amigo así que no te atrevas a tocarlo! – Alexandre se colocó su polo y miró a Héctor con odio – ¡Si tocas a alguno de mis amigos, te juro que te las haré pagar! ― ¿Tú? – rio – ¿Cómo le harás? ― Con todo lo que me has enseñado – respondió frío el menor – ― No te atreverías… ― Pruébame – la seriedad en el rostro de Alexandre hizo que el mayor se calmara – ― De acuerdo, – suspiró – no tocaré a tus amigos – Alexandre trató de evitar una sonrisa – pero a cambio quiero que entiendas algo ― ¿Qué? – preguntó confundido – ― Qué eres mío ― ¿Ah? – el menor estaba acostumbrado a escucharlo repetir eso siempre, sin embargo, había algo diferente esta vez – ― Tú eres mío, - tomó fuertemente de las mejillas al menor – si veo que quieres o te importa otra persona, la haré sufrir – Alexandre abrió los ojos asustado - solo puedes estar conmigo y solo te puedo importar yo – luego lo soltó y se marchó por la ventana dejándolo atemorizado – Durante 1 semana Alexandre no asistió al colegio, estaba muy lastimado como para salir de su casa. Sus padres estaban muy preocupados por él, así que tomaron una decisión que consideraron era la más acertada. El lunes después de clases Alexandre volvió a su casa como todos los días, pero su sorpresa fue grande al ver a sus padres sentados en la sala tomados de la mano. Alrededor estaban unas maletas y su madre lloraba silenciosamente. ― ¿Qué ocurre, mamá, papá? – miró las maletas – ¿Van a viajar? – ambos negaron – ¿Entonces? ― Ven, mi amor, siéntate con nosotros. – su madre extendió su mano y su hijo la tomó sentándose a su lado – Tu padre y yo hemos estado hablando y hemos llegado a una conclusión. ― Creemos que lo mejor para ti es que te vayas por un tiempo con tu tía Isidora ― ¿Qué? ¿Por qué? ¿Ya no me quieren? – su madre negó y acarició su cabello con cariño – ― Te amamos demasiado, mi amor, por eso hemos tomado esta decisión ― ¿Por qué, mamá? – su madre empezó a llorar – ― Porque no encontramos otra forma de salvarte, hijo, – respondió su padre con la voz entrecortada – sabemos todo lo que ha ocurrido con Héctor y queremos ayudarte ― Pero… ― Es la única forma, mi amor, – respondió su madre acariciando su mejilla – entiéndenos por favor, no queremos perderte ― Pero, mi vida está aquí, – Alexandre se sentía traicionado – mis amigos, ustedes, no puedo dejarlos ― Alex, es necesario esto – respondió su padre – por favor, permítenos hacer esto ― ¿Cómo saben que esto funcionará? – preguntó el menor desesperado – ― No lo sabemos, – contestó su padre – pero por lo menos ahí no te encontrará, no hay forma de que lo haga ― Pero… ― Por favor, por lo menos inténtalo por un tiempo – suplicó su madre – ― Después te dejaremos a ti decidir – aseguró su padre – lo prometemos Así Alexandre tuvo que dejar a su familia y amigos durante 6 meses, viajó a Dowel y vivió con sus primos y su tía con tranquilidad. No existían los problemas y en ocasiones hablaba con sus papás. Todo estuvo bien durante todo ese tiempo, hasta que no logró volver a comunicarse con sus padres. Su tía y él se preocuparon por eso, entonces ella viajó a Mitsakis, la ciudad natal de Alexandre, a buscarlos y al volver le dio la noticia al menor. ― Alex – dijo su tía entrando a su cuarto – tenemos que hablar ― ¿Qué ocurrió, tía? – preguntó Alexandre mientras se sentaba – ― Tengo… tengo algo que decirte El rostro demacrado de su tía preocupó al niño, Isidora se sentó al lado del menor y tomó sus manos y lo miró a los ojos. ― Me temo que tus padres sufrieron un accidente – susurró ante la mirada del menor – ― Pe-pero… ¿Están… están bien? – los ojos de su tía se llenaron de lágrimas – ― Lo siento, lo siento mucho, pequeño ― ¡No! – gritó el menor - ¡No puede ser! ¡No, tía, por favor! – sollozó – ¡Por favor, dígame que es mentira! Isidora abrazó a su sobrino con fuerza y trató de contener el dolor del pequeño, pero era imposible. Aquel niño no podía dejar de gritar y llorar, solo tenía 15 años y sus padres ya no iban a estar más con él. Después de unas horas el pequeño se quedó dormido, sus primos y su tía trataron de dejarlo descansar durante unas horas. Pero cada cierto tiempo él se levantaba llamando a sus padres en sueños y terminaba despertando entre lágrimas. Durante 1 mes más logró evitar regresar a su ciudad, sin embargo, una visita inesperada lo alertó. Estaba sentado en el mueble cuando tocaron la puerta de la casa, solo estaban él y su prima menor. La pequeña se acercó a la puerta y la abrió con una gran sonrisa en el rostro. Sin embargo, esta desapareció tan pronto como vio al chico que estaba parado al otro lado. ― ¡Alexandre! – gritó la pequeña mientras corría hasta la sala donde se encontraba el menor – ― ¿Qué pasa, princesa? – preguntó el menor mientras abrazaba a su prima – ― Hasta que te encontré Alexandre reconoció aquella voz fría y levantó la mirada, frente a él estaba su pesadilla andante. En un rápido movimiento, colocó a su prima detrás de él y se plantó serio frente a Héctor. ― ¿Qué haces aquí? ― ¿No es obvio? – una sonrisa retorcida apareció en el rostro del mayor – Recuperar lo que es mío ― Tú y yo no somos nada, así que lárgate ― No me iré de aquí sin ti – Héctor caminó hasta él – ― Vete o llamo a la policía – dijo la pequeña mientras seguía escondida detrás de su primo – ― ¡No te atrevas, maldita mocosa! ― ¡Aléjate de ella! – Alexandre lo empujó con fuerza hasta el otro extremo de la habitación – ¡No te atrevas a intentar tocarla! ― ¿En serio? – Héctor rio – ¿Ahora ya no me tienes miedo? ― Lárgate – el menor sentía como su cuerpo temblaba del miedo, sin embargo, trataba de esconderlo para que el mayor no se percatara – ― Ah, ya entiendo – Héctor miró a la pequeña – lo que pasa es que es lo único que te queda, ¿no? – el rostro de Alexandre era de confusión – ¿Acaso no sabías lo de tus padres? – rio – Supuse que con eso volverías al instante, pero solo mandaste a una estúpida mujer a tu casa – el mayor escupió las palabras dejando helado al menor – ― ¿Tú qué sabes de mis padres? – el menor trató de acercarse a él, pero su pequeña prima lo sostuvo del brazo – ― ¿No es obvio? – sonrió arrogantemente – Ellos eran demasiado necios – hizo un puchero – ninguno quería hablar y decirme dónde estabas – los ojos de Alexandre se abrieron al punto que parecía que iban a salir de su rostro – ― Héctor, no te atreverías a… ― ¿A qué? – lo miró con cierta sombría – ¿A exigirles que me digan dónde estaba mi novio? ― No, no puedes haber sido tan hijo de puta ― No, cariño, – sonrió – yo solo te estaba buscando y ellos no me querían ayudar. – suspiró – Sabía que siempre hablaban contigo, pero nunca me decían dónde te encontrabas. – lo miró con fingida tristeza – Yo solo quería volver a verte. ― ¿Qué hiciste? – la paciencia del menor por fin había desaparecido – ¡¿Qué mierda les hiciste?! ― Ellos dijeron que solo sabría de ti si los mataba – el menor no podía creer lo que estaba escuchando – así que lo hice – sonrió – les cumplí su deseo Alexandre apretó sus puños con fuerza, el cariño o amor que en algún momento había sentido por aquel chico ahora era una repulsión y un odio que no podía controlar. Trató de pensar calmadamente como sus padres siempre le aconsejaron, pero escuchar hablar tan fríamente de ellos, al chico que se suponía que lo quería, lo desquiciaba. ― ¡¿Cómo pudiste?! – gritó – ¡Eran mis padres! ― ¡Ellos nos querían separar! ― ¡Ellos me querían proteger! ― ¡Yo te protegí! ¡Siempre! – el menor sentía como la ira se iba apoderando de él – ¡Yo te entrené para que no te volvieran a fastidiar! ¡Yo te hice mío para que ninguno de mis amigos te toque! ¡Yo te hice lo que eres ahora! ― ¡No! – gritó furioso – ¡Tú solo hiciste lo que a ti te convenía! ― ¡Esto es tu culpa! – dijo Héctor mientras lo señalaba – ¡Si no te hubieras ido nada de esto hubiera pasado! – y ahí explotó la bomba para Alexandre – ― Valery – la llamó – ve a tu cuarto, enciérrate y no abras hasta que vuelvan tu madre y tu hermano ― P-pero… ― ¡Ahora, pequeña! – gritó el menor tratando de asustar a la niña – ― D-de acuerdo La pequeña corrió escaleras arriba y, cuando Alexandre escuchó la puerta del cuarto cerrarse, empezó todo. Se acercó furioso a Héctor y le dio un golpe en la cara, el cual fue respondido por el mayor dándole un rodillazo en el estómago. El menor cayó al suelo y su exnovio le dio una patada haciéndolo rodar, el pequeño logró levantarse y devolver el golpe. Alexandre estaba fuera de sí, dolido y enojado era una combinación letal en él, sin embargo, aunque no quisiera aceptarlo seguía teniéndole miedo. Quería vengar la muerte de sus padres, pero a la vez se le dificultaba golpear a la persona que él pensó amar por todo que lo había ayudado. Ambos cayeron al suelo golpeándose, en ocasiones estaba encima Alexandre y en otras, Héctor. En un momento el menor escuchó la voz de su pequeña prima y se distrajo permitiéndole al mayor darle una patada en la boca. ― ¡Ale, no! – gritó su pequeña – ― ¡Lárgate maldita niña! – Valery corrió hasta dónde se encontraba su primo, pero no logró llegar, ya que fue detenida por aquel monstruo – ¡Qué te largues dije! – gritó aquel chico en el rostro de la pequeña – ― ¡No me toques! – gritó la niña y le piso el pie con toda su fuerza logrando que aquel chico la suelte – ― ¡Val, vete! – Valery negó y abrazó con fuerza a su primo – ― ¡No te dejaré con este monstruo! ― ¡Maldita mocosa! – entonces Héctor sacó su pistola y le apuntó a la niña – ¡Ahora me las vas a pagar! Alexandre escondió a su prima detrás de su cuerpo lastimado, impidiendo que vea aquel objeto. La pequeña sollozaba asustada mientras abrazaba a su primo herido, el menor buscó entre todo lo que había terminado en el suelo algún objeto que le permitiera defenderse de un arma. ― ¡Alexandre, muévete! ― ¡Estás demente si crees que dejaré que lastimes a mi prima! ― ¡Alexandre! – espetó el mayor furioso – El menor se levantó del suelo protegiendo con su cuerpo a su pequeña. ― ¡Si quieres tocarla, tendrás que matarme primero! – los ojos del mayor estaban llenos de ira – ― Entonces que así sea – el menor lo miró sorprendido – ¡Si no estás conmigo, tampoco estarás con nadie! Valery se aferró a la pierna de su primo llorando mientras Alexandre seguía pensando en cómo salvarla, entonces recordó que su tía guardaba un arma para defensa personal en un cajón del bufetero. El menor se movía lentamente hasta aquel lugar ante la mirada del mayor. ― ¡¿Qué haces?! ¡No te muevas! Alexandre sabía que dentro de todo Héctor no se atrevería a dispararle, de haberlo deseado desde un inicio lo habría hecho. El menor siguió moviéndose con la pequeña aferrada a él hasta llegar a aquel espacio. ― Val – susurró – cierra los ojos y mete la mano en el cajón que está detrás de ti… ―P-pero... ― ¡¿Qué cuchicheas?! – la pequeña dio un brinco del susto – ― Solo hazlo enana, yo te voy a cuidar – siguió susurrando – saca lo que está ahí y dámelo – le dio un pequeño guiñó calmándola – ― E-está bien – respondió la pequeña aun asustada – ― ¡Dejen de susurrar! – gritó el mayor y disparó cerca al mayor – Aquel ruido estridente hizo gritar a la niña mientras Alexandre tomaba su manito para tranquilizarla. ― Tranquila, pequeña, no pasa nada – susurró – pero por favor, trata de sacarla, ¿sí? – la pequeña asintió y siguió tratando de sacar el arma con lentitud – ― ¡Quédate quieta, maldita niña! Héctor apuntó a la cabeza de la niña y disparó, pero los reflejos de Alexandre fueron más rápidos. El menor tiró al suelo a la pequeña pegándola a su cuerpo y con el arma en mano le disparó al mayor en la pierna. Corrió a esconderse, con la niña en brazos, detrás del sofá mientras Héctor seguía disparando a diestra y siniestra. La pequeña lloraba y temblaba en brazos de su primo mientras él le tapaba los ojos y oídos para tratar de calmarla. Gracias a los ruidos de los disparos los vecinos llamaron a la policía y ellos llegaron 5 minutos después atrapando al mayor. ― Ya están a salvo niños, pueden salir – dijo un policía – Ambos pequeños salieron y fueron llevados con los paramédicos para ser revisados. Cuando sacaron al chico de la casa este espetaba lisuras, hasta que se encontró con el menor. ― Alexandre – el menor lo miró con el ceño fruncido – te juro que no te vas a librar de mí. Siempre te encontraré, a dónde sea que vayas. – miró a la pequeña – Y me vengaré de ti destruyendo a cada persona importante de tu vida. No te librarás de mí nunca. Recuérdalo, MI Alexandre ― Ojalá te mueras en la cárcel – escupió el menor – ― No te daré esa satisfacción – sonrió – Te recomiendo que no tengas más personas que quieras o te importen, porque las destruiré y tú serás el responsable. – rio – Si no eres mío, no serás de nadie. Te encontraré y te traeré conmigo, no importa dónde estés ni cuánto tiempo me tome encontrarte… cuando lo haga, no te soltaré Los policías se lo llevaron, pero él seguía blasfemando hasta que antes de subir al carro miró al pequeño. ― Esto acabará cuando tú o yo estemos muertos, siempre serás mío “Desde ese puto momento fuiste como una maldita piedra en el zapato, destruyendo todo lo que quería o me importaba”
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