Una muy pequeña flor lila cayó sobre una servilleta que tenía un lindo bosquejo dibujado, Reyhan estaba tan aburrida y algo cansa de dibujar. Eso era lo que la había mantenido despierta durante la noche. Y la curiosidad de saber que estaba pasando con Hasret. Estando rodeada de tantos hombres y siempre junto a Tarkan le era difícil cuestionarla, no era ni el lugar ni el momento. Recorrió sus ojos desde los zapatos hasta el cuello, temía que sus sospechas fueran comprobadas y esa pequeña flor era puesta por la mano de Kivanç. Cuando alzo la vista y encontró esa sonrisa de vanidad que Lo caracterizaba siguió en lo suyo. Estaba tan nerviosa que no tenía idea cual era el modo correcto de actuar. —La invitaría a bailar para presumir mis virtudes, pero imagino que su madre me cortaría la cabez

