Luego de regresar del hospital, Amy no se sentía con ánimo para volver a salir. Aunque debía presentar la denuncia formal, había decidido ir al día siguiente. No sabia si ese hombre estaría presente cuando la hiciera, y ciertamente no quería ver la cara de Christoffer tan rápido. Cuando llegó se dio una ducha caliente y se vistió con una pijama corta. Sus rodillas estaban vendada, al igual que sus manos. Por suerte solo eran raspones. Mientras usara las pomadas que el doctor le había recomendado, las heridas echarían costras rápido y ya no tendría que cubrirlas. Sentada mirando a través del balcón, recordando lo asustada que se sintió cuando regresó al edificio, enterró la cara entre sus brazos. Al bajarse del taxi, lo primero que había pensado fueron en los detalles de su discusión

