—Eka... —gruñó con esa voz tan sexy que lo caracterizaba. Trató de tomarme en brazos pero yo no lo dejé. Una vez más lo tomé en mi palma sintiendo su calor antes de inclinarme para tomarlo en mi boca con suavidad. Él sabía mucho mejor de lo que había imaginado. Damon gruñó y por un momento creí que iba a apartarme pero sus manos lejos de hacerme a un lado se clavaron en mi pelo para atraerme más a él. Sonreí enseguida y Damon sorpresivamente golpeó una de mis nalgas haciéndome sobresaltar impactada con lo deliciosa que me había parecido su palma sobre mi piel. Como si hubiera adivinado mi pensamiento su mano cubrió mi piel como dándole una caricia pero no se detuvo ahí. —Te gustó eso ¿Verdad mi dulce Eka? —dijo con voz enronquecida por el deseo y yo cada vez me sentía más húmeda—. ¿

