No me importaba cómo había pasado. Ni qué estuviera pasando a nuestro alrededor. Me solté del agarre de Damon el cual no sé hace cuánto tiempo había estado sosteniéndome y corrí en dirección de donde estaba mi hermana aún atada y con sus ojos sorprendidos mirando al hombre que la había salvado. No me importaba si él había sido parte de esto porque después de todo había sido él quien había salvado a mi pequeña hermana de ese bastardo. Tomé a Félicité en brazos y la abracé con verdadera emoción dejando que mis lágrimas fluyeran libres por mis mejillas. Dios. La amaba tanto y la había echado tanto de menos. —No puedo creer que estés aquí —susurró ella y por su voz supe que también estaba llorando así que la abracé con más fuerza atrechándola entre mis brazos. —Siempre voy a venir por

