—A ver… “yerno”, ¿qué se supone que es esto? —había preguntado Arnold Darling, deseoso de obtener una respuesta y pareciendo un poco fuera de lugar con lo que estaba mirando. Y es que para cualquiera que no conociera a Ellen sería escandaloso su comportamiento, no era el típico de una señorita “de clase”, y menos se esperaría algo así de alguien que con tantos estudios y escritora de tantos libros de neurociencias y de bioquímica del amor. Pero ahí estaba ella, siendo totalmente escandalosa y, justamente, dejando ver esos enormes pechos a los que Lyon miraba con disimulo, pero de una forma que no escapaba a la aguda visión de Marina. —Jeje… no tengo mucho que decir, es difícil obviar a la hermosa mujer frente a mí —aseguró el actor con desparpajo—. ¿Es usted ciego, futuro suegro, que le

