Después de asistir a la conferencia de Charles, donde por suerte él fue el primero en hablar y pudieron irse luego de que acabara su discurso, Marina y Giselle acompañaron tanto a Charles como a Caspian al lujoso restaurante estrella del Campus. La cabina privada en la que los acomodaron era más amplia de lo que Marina imaginaba. Paneles de cristal y una cortina gruesa de terciopelo oscuro separaba su mesa del resto del salón. Las paredes estaban forradas de madera pulida con detalles dorados y retratos de arte moderno discretamente iluminadas. El aire olía a jazmín y especias caras. Marina recorrió con la mirada los cubiertos perfectamente alineados, la cristalería sin una sola marca, y el menú tallado en relieve sobre cuero n***o. Agradecía no haber ido vestida casualmente y sí arr

