2.

1648 Palabras
-No, definitivamente no usaré esa ropa-La voz de la chica sonó en la estancia, con atropellos pero segura. -¿Me acabas de decir, no, Liz?- La chica miró a su amiga y asintió y, aunque luego bajó la cabeza estaba decidida a no llevar puesta esa ropa tan diminuta. Aún qué se preguntaba si era posible llamarle ropa, un vestido corto en exceso y aparte de ello tenía a los lados un ligero corte ¡Nunca! Eso solo lo usaba Connie. -Si iremos me voy a vestir con la ropa de mi armario... ¿sí?- Su amiga, supuestamente, la miró mal y sus ojos la miraron de manera fulminante, de manera brutal haciendo que el cuerpo pequeño de Liz, se volviese pequeño. Connie era alta, y con los tacones se veía literalmente como un gigante frente a ella. Su amiga puso los ojos en blanco y le dijo "Has lo que quieras". Se había rendido y eso complació a Liz, ya qué en sus labios se dibujó una tierna sonrisa. -Solo quiero decirte que a mitad de la noche no estés rogando en volver porque no pasará. Y si llega a suceder será porque tú te vendrás sola- Miró a Connie y mordió su labio inferior, tenía tantas ganas de explotar pero quería estar sola, muchas veces nos dejamos dañar sólo por tener compañía; tóxica. Así se le podría decir pero más bien se podría decir: cariño, amor o como lo pensaban otras personas, estupidez. Ella no podía ser malagradecida, su "mejor amiga" muchas veces pagó las cuentas que en el restaurante en el que trabajaba no podía suplir, no se quejaba con el sueldo aunque era un poco miserable. Tenía que pagar las cuentas del departamento, también sus estudios y aparte sus necesidades personales, aunque ello no era tan importante ya qué Liz no era una de las personas que más cuidaba su imagen. La gente nunca la notaba y tal vez por ello no se interesaba en lucir bien. Creía que era sábado de estudiar y también creía que iba a ser domingo con "D" de dormir pero al parecer su amiga estaba decidida a frustrar sus planes ya que estaba dispuesta a sacarla del departamento aunque sea a jalones. -Connie, es enserio. Necesito estudiar ¿no podemos dejar esto para otro día?- Su petición se escuchó por segunda vez en la estancia y los ojos fríos de Connie la miraron de manera que cualquier persona se volviese diminuto en su lugar. Añadió:-No iré, me quedaré estudiando y tal vez el domingo podamos ir.- «¡la había cansado!» Pensó, Connie. De alguna manera tenía que hacer que esa chiquilla cerrara su boca y que obedeciera de una vez por todas. -Está bien Liz, ganaste pero... ¿sabes cual será tu castigo?- La voz de su amiga salió burlona y el cuerpo de Liz, se estremeció en su lugar. -Por favor Connie, basta. Estoy cansada tengo demasiado que estudiar, vete a la fiesta. Por favor... -Aquellas últimas palabras habían salido como súplicas de sus labios, y su amiga pensó en su supuesto castigo maquiavélico que le iba a implantar a su amiga. Ella asintió en dirección hacia Liz y tomó sus cosas para irse de allí, antes de hacerlo se acercó a su cuerpo y lo examinó como solía hacer varias veces, tal vez parecía extraño pero Connie tenía una ligera obsesión con la piel de Liz, siempre se veía limpia, y perfecta, cosa la cual lograba hacer enojar a Connie, ¿envidia tal vez? -Bien. Me largo- Y esas fueron sus últimas palabras, caminó hacía la puerta y bajó las escaleras del piso no sin antes mirar hacía donde estaban los chicos, los que tomaron un repentino intereses en la mesera de: The silver spoon. •⚡️• -Tal vez fuí mala, debía irme con ella...-Ese había sido su pensamiento en voz alta, se pintó de malagradecida; Connie sólo pedía eso. Una acompañante. Las veces en las que ambas iban a discotecas u fiestas ella siempre se perdía ya que su amiga se olvidaba completamente de su existencia. Se levantó de su cama y comenzó a dar vueltas por toda la habitación rascándose la cabeza y así tal vez eso lograría ayudarla a pensar. En el momento en que fue a su armario su teléfono sonó haciendo que su corazón estuviese latiendo de manera desenfrenada. Lo miró como si fuese algo poseído, suspiró y se dirigió hasta el. Llamada telefónica -¿Hola?-Habló en forma interrogante para que así la persona al otro lado pudiese decir quién era o que quería. -Hola, hija.-Esa había sido la voz de su madre, al escucharla un suspiro lleno de cansancio salió de sus labios. -Hola, mamá ¿qué pasa?-Fue de manera directa al grano. -¡por Dios, Elisabeth! Llamé sólo para saber de mí niña ¿y así es como respondes?-¡Mentiras! Eso era lo que decía ¿su niña?, Su niña era la hermana mayor que vivía con sus padres, la cual no quería realizar su vida y quería sólo vivir del sudor de sus padres ¿Su niña? ¡nunca había sido su niña!. -Lo siento, mamá -Siempre es lo mismo contigo de veras... Ya hasta se me olvidó lo que te diría.-Misma excusa, misma hora y misma pregunta. -¿Has hecho amigos ya, Liz?- No había faltado mucho para que esa pregunta saliera de sus labios. -Si, mamá, tengo muchos. De hecho hoy nos íbamos a reunir en un bar -Su madre quedó un poco confundida y a la vez sorprendida. -Mi niña...-Al fondo pudo escuchar como su padre intentó quitarle el teléfono a su mamá y no lo lograba, aunque después de unos segundos su voz rasposa, y madura por los años se escuchó a través de la bocina del teléfono. -Hija.- -Hola papá...-Se escuchó un suspiro a través de la bocina ¡no había nada nuevo! Eso se lo sabía de memoria. Siempre era lo mismo. -Hija, sabes que sí estás mal puedes volver, las puertas para ti siempre estarán abiertas. Siempre serás mi princesa.-Sus ojos aunque ya estaban llenos de lágrimas se encontraban en blanco. -Claro, y tú hija mayor siempre será el fruto de tu amor.-Y sin más, colgó. •⚡️• El frío hizo temblar su cuerpo, logrando estremecer todas su extremidades; una noche fría, tranquila y oscura. Caminaba hacía el bar en el que se suponía que iba a estar ella: Connie. No sabía el por qué, pero caminó hacia donde ella estaba porque se sintió malagradecida. Art Red; el nombre lo decía todo. Lo visualizó desde lejos, sus luces se veían claras y fuertes. Suspiró y caminó y, por dentro sólo pedía a Dios que su amiga estuviese visible y que no estuviese pasada de copas. Al estar a la entrada se sorprendió ya que no habían guardias en la puerta principal del lugar, al entrar sus ojos tuvieron que hacer mayor esfuerzo ya que las luces eran bajas, luces de colores. Parecían un molesto flash. Entró al lugar de manera completa y giró su cuerpo a todos lados tratando así de poderla ver. Y lo hizo, cuando miró a la zona Vip; la vió tratando de subir a la segunda planta y al ver aquello caminó hacia ella. -Hey, Con.- al llamarla esta no le dió importancia ya que sabía quién era la portadora de la voz y no le daba importancia; ¡estúpida! Ella caminó hasta las escalares para así poder llegar hasta su amiga, ésta no quería si quiera tenerla cerca así que miró a los chicos y estos se acercaron hasta el cuerpo de ella, y por el rabillo del ojo Liz, logró ver sus movimientos. ¡Una maldición! Esos chicos le aparecían en todos los lados. Uno de ellos se puso delante de ella haciendo qué no lograra ver ya a su amiga, otros dos a los lados y los restantes atrás. -Por favor, permiso.-Su voz se escuchó pequeña y tuvo que mirar hasta arriba para poder encontrarse con los ojos del chico que estaba frente a ella; un rubio de ojos azules. ¡Un Ken! Aunque eso no era lo que pensaba ella. Se fueron acercando de manera peligrosa haciendo que ella retrocediera; en un fragmento de segundos uno la puso sobre su hombro como si de un costal de papas se tratara, en un momento sus ojos miraron hasta arriba haciendo que ese movimiento fuese el mayor error que cometió esa noche. Un chico estaba mirándola atenta, aunque sus ojos se encontraron no pudo evitar lo que hacía; su cabeza estaba inclinada hacía abajo y, se podía notar que lo que estaba apunto de ingerir era droga. Aún que lo iba a hacer al sus ojos encontrarse fue razón por la cual se levantara, la miró con intensidad y con la poca luz que había en su rostro se reflejó un flash y pudo ver; un rayo. El se apoyó en las orillas del barandal y sus ojos sólo seguían mirando los de aquella chica que se atrevió a mantenerle la vista al rey. Sus labios sólo pudieron pronunciar una palabra sorda; mía. Cuando se está en la mejor parte del sueño, se despierta. Ella trató de golpear a los chicos, mordió el hombro de uno de ellos al estar afuera y al hacerlo recibió una bofetada y, cayó al suelo. Sus lágrimas se salieron de su escondite haciendo así que se mostrara débil; lo que era. ¿qué pasó? La tocaron y su cuello fue besado por cada uno de ellos, aunque no besaron sus labios sentía putrefacción ¿por qué habían personas tan crueles?. Esa pregunta nunca se le saldría de la cabeza. Escuchó unos tacones a la lejanía y, al hacerlo levantó su rostro rojizo. -Eso es para que te quede claro que sin mí, no eres nada. Y sí digo que salgamos. Salgamos.-
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