Merlín estaba en una sala de aislamiento. Lo habían encerrado en la prisión de máxima seguridad a las afueras de Londres. La conocida prisión Belmarsh, la “Guantánamo” británica. Su delito: tratar de alertar al ministro de salud sobre una pandemia con efectos devastadores. Había logrado increpar al ministro apenas salió de una reunión con la junta médica de sanidad, y cuando le habló sobre lo que estaba pasando en el continente americano y de que debían cerrar inmediatamente los aeropuertos y declarar cuarentena obligatoria para todos, el ministro hizo una cara que le dio a entender al mago que en efecto sabía lo que estaba pasando, pero llamó a los de seguridad para que acompañaran a Merlín a la salida. Él, desesperado, amenazó con alertar a las personas por r************* , y fue ahí cua

