Vlad muy bien podría simplemente haberse teletransportado con su espada y aparecer en cualquier calle de Nueva York junto a Sariel, pero a ella le encantaba volar montada en Sarmat, así que el príncipe de la Casa Real de Jehová llamó para el viaje a su imperial unicornio celestial. A falta de alas de ángel, era aquel corcel el que podía permitirles saber lo que era volar. Sobrevolaron gran parte de la actual capital estadounidense, la cual estaba en un estado lamentable. Lo más parecido a una película apocalíptica. Con las calles y edificios en llamas, y helicópteros militares sobrevolando toda la ciudad, y disparando. Sariel miró con horror como disparaban a diestra y siniestra, como si esas personas infectadas no fueran seres vivos. —Bajaré a una calle no muy concurrida y en donde

