Olivia, dos días después. Me apresuro a la empresa a buscar unos documentos que necesita el licenciado Maxwell para el juicio. Vuelvo a pasar por el estrés del asfixiante ascensor, nunca me ha gustado estar encerrada. Salgo inmediatamente y saludo como siempre a la chica de la limpieza de piso, que rutinariamente está en el mimo lugar cada vez que llego en las mañanas. Antes de ingresar, Olga me hace entrega de los folder con los documentos que hay que firmar en el día. Hasta ahí todo es normal, hasta que me topo con un sobre sin remitente que desentona entre los fólderes. Lo abro y vaya sorpresa, una hoja impresa me roba el aliento, el escalofriante mensaje, me deja perpleja. «Dile a Damián Ferrari que, si quiere recuperar a su amiguita, se entregue. Visto que tú ahora lo proteges, te

