Desperté y Noah no estaba a mí lado. No había sentido ni el más mínimo movimiento de cuándo se fue, estaba cansada.
Sin más me levanté de la cama. Miré la hora, aún era algo temprano, nueve treinta.
Me lavé la cara y me até el cabello en una coleta para después lavar mis dientes.
Me dirigí a la ventana y levanté las cortinas para poder abrirlas. Olía delicioso, un aroma mañanero a césped húmedo.
Cerré mis ojos un segundo y luego miré a mi costado, había una nota.
“Buenos días Sophie, espero que hayas descansado bien. Me hubiera encantado despertarte para mi beso de despedida antes del trabajo, pero preferí verte dormir.
Te amo, N.”
Sonreí como una idiota al leer la nota de Noah y la doblé para después guardarla en mi joyero.
Me di la vuelta para hacer la cama y luego bajar a desayunar.
En cuanto terminé de hacer la cama busqué mi móvil y miré si tenía mensajes, pero no, lo cual me parecía extraño, había dejado muchos mensajes contestados.
Tecleé el número de mi madre esperando que llegara un poco de señal, por suerte dio línea.
—¿Sophia? —escuché su voz y me alegré completamente.
—¡Mamá!, hola, por fin podemos hablar —me apresuré a decir y casi podía jurar que ella sonreía.
—¿Cómo está mi pequeña?
—Muy bien mamá y bastante feliz, Noah me hace muy feliz.
—Me alegro amor, dile que le mando mis saludos, igual tu padre y tu hermano.
—Claro mamá, yo le diré cuando vuelva del trabajo.
—Gracias cielo, intentaré llamarte más tarde, tengo que salir, te amo —se despidió y mordí mi labio inferior.
—Espero que sí podamos hablar, también te amo.
Terminé la llamada y pude ver un par de mensajes que comenzaron a llegar ahora que tenía señal. Los respondí para después bajar a desayunar.
Preparé un poco de fruta y jugo de manzana.
Después de desayunar no sabía qué hacer, estaba sola y bueno no había en realidad algo que me distrajera. Me senté en el sofá y dejé salir un suspiro.
Quería irme de aquí y caminar para ver si encontraba a alguien cerca, pero Noah me dijo que no saliera para nada.
Me cuida demasiado y no es algo que me guste mucho. Es lindo que se preocupe por mí y todo eso, pero, hay algo extraño en su actitud, él nunca se había comportado de esa manera. Admito que, como todo hombre es muy celoso, pero ahora puedo oír algo distinto en su voz y me asusta.
Escuché dos golpes en la puerta y me sobresalté, se supone que Noah volvería a la hora de la comida, no a las once de la mañana.
Me dirigí hasta la puerta y afuera estaba una señora de simpática sonrisa y de cabellos claros. Traía un bonito vestido café claro y sostenía un contenedor en sus manos.
—Hola, soy Victoria —se presentó y le sonreí de vuelta ya que no pude estrechar su mano. —Te he traído esto de bienvenida, me enteré que tenía una vecina nueva.
Me tendió el contenedor que ahora sabía que tenía comida. Di un paso hacia atrás para que ella entrara.
—Muchísimas gracias, soy Sophia Tremblay —ahora yo me presenté y ella sonrió. —Tome asiento si gusta, voy a dejar esto en la cocina.
Me apresuré a dejar la comida en la cocina y cuando volví ella seguía de pie.
—¿No gusta tomar asiento? —pregunté y ella negó.
—No cariño, verás, mi hijo está en la camioneta, pero es algo tímido y no quiso bajar —se encogió en hombros y caminó hacia la puerta.
—Oh...no se preocupe, pero en verdad muchísimas gracias, mi esposo y yo estaremos muy encantados con su obsequio de bienvenida.
Ella me miró con sorpresa, quizá la noticia de que estuviera casada lo causó, pero después sólo sonrió para después asentir.
—Vivo sólo a veinte minutos de aquí, cuando desees algo si no estoy yo, mi hijo Adam siempre está allí.
Abrí los ojos con sorpresa, al parecer el mundo es pequeño aquí.
—¿Adam?, creo que me lo he topado —dije y Victoria me miró sorprendida.
—¿De verdad? —preguntó incrédula y asentí. —No me ha dicho casi nada, lo acaban de despedir y bueno, está de mal humor.
Se encogió en hombros y me mordí el labio inferior. Noah era la causa por la cual habían despedido a Adam.
—Oh...lo siento tanto —titubeé. —Quizá pronto recupere su trabajo, que no se desanime, salúdelo de mi parte y de nuevo gracias por todo.
Victoria asintió con una sonrisa maternal en su rostro para después dirigirse hasta la camioneta. Adam volteó un segundo y después volvió a hacerlo al ver que era yo, lo saludé con la mano y él sonrió.
Entré de nuevo a casa y como ya había comida solo esperaría tres horas hasta que Noah llegara.
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Escuché la puerta cerrarse y corrí rápidamente bajando las escaleras. Por fin Noah había llegado.
Me abalancé sobre sus brazos y él se tambaleó levemente pero no caímos. Su risa inundó mis oídos y me cargó por la cintura haciendo que mis pies dejaran de tocar el suelo.
—Me alegra que estés emocionada de verme —habló con una sonrisa.
Me bajó suavemente y le sonreí para después pararme de puntitas y besar su mejilla.
—Te extrañé, es muy aburrido estar sola —respondí.
Iba a darme la vuelta para servir la comida, pero Noah me sostuvo del brazo y me atrajo hacia él para después atrapar mis labios con los suyos.
Sus labios estaban llenos de hambre hacia los míos porque casi se me iba el alma en cuanto seguí su beso. Me derretía cada vez que él me besaba de esta manera, simplemente me era irresistible.
Cuando por fin nos separamos para poder respirar dejó un beso en mi nariz y me apretó de la cintura para estar más pegada a él. Alcé la mirada y sus bonitos y profundos ojos esmeralda hicieron contacto con los míos. Su cabello caía ligeramente sobre sus hombros llegando a acariciar mis mejillas.
—Te he dicho que los besos en la mejilla no son besos —vaciló con voz ronca y sentí mi piel de gallina.
Le di un beso rápido en sus labios y me soltó lentamente. Me di la vuelta para ir a la cocina y servir lo que Victoria había traído.
—Lávate para comer amor, ahora sirvo.
Él asintió y confirmó con un sonido ronco en su garganta.
Llegué hasta la cocina y saqué dos platos y calenté la comida antes de servirla, olía delicioso.
Eran papas gratinadas y lasaña.
Serví dos porciones y llevé los platos a la mesa.
—¿Qué preparaste, amor? —preguntó y dejé un plato frente a él.
—Yo no he cocinado —me encogí en hombros y me miró confundido. —Tuve visitas y nos trajeron esto —señalé la comida.
A Noah no le agradó ni un poco lo que dije. Parecía incluso molesto. Llevó ambas de sus manos hasta su rostro y luego las dejó sobre la mesa para dejar un frustrado suspiro.
—¿Qué pasa? —pregunté sin entender su actitud.
Él se levantó de mala gana para después recargarse en la pared y mirarme de brazos cruzados.
—¿Qué fue lo que te dije, Sophia?, ¿no fui claro? —espetó molesto.
Lo miré confundida y negué con la cabeza.
—No sé de qué me hablas, Noah —le dije casi del mismo tono.
—Te dije que no quería que salieras, que no te vieras con hombres ni hablaras con nadie —canturreó y rodé los ojos. —Ya te he dicho que odio que me ruedes los ojos.
Tomé mi plato de comida porque yo, por lo menos sí tenía hambre y me iría a comer a otro lugar en donde no lidiaría con Noah.
—¿A dónde vas? —preguntó confuso y lo miré con enojo.
—A donde tú no estés.
Abrí la puerta y dejé mi plato en la mesita que adornaba la parte de enfrente de la casa. Saqué la silla y me senté para comer en paz.
Noah no tardó en aparecer, pero no lo miré.
—¿Por qué es tan maldita sea difícil que me hagas caso? —preguntó al aire porque no le iba a responder. —Pareces una niña chiquita, igual de desobediente.
Y entonces exploté.
Solté el cubierto para irme antes de que hiciera algo de lo que me arrepentiría después, sólo está paranoico.
“Déjalo estar solo.” Me repetí en la cabeza y apreté mis labios para ahogar un grito de molestia.
—Sophia, te estoy hablando, ven aquí —gritó mientras yo entraba de nuevo a la casa.
Como era de esperarse me siguió y me apresuré a subir rápidamente las escaleras. Sentía cada paso duro y pesado de Noah detrás de mí.
—Déjame, vete de aquí, déjame en paz —hablé dirigiéndome a la habitación.
—Sophia, por dios, deja de comportarte como una jovencita malcriada.
Después de que dijo eso sentí mis ganas de llorar. La garganta me ardía y los ojos me picaban.
Me di la vuelta para encararlo y él se detuvo mirándome sorprendido.
—¡Pues para tu mala suerte estás casado con una jovencita malcriada! —le grité y luego me di la vuelta para encerrarme en la habitación.
Desgraciadamente Noah logró alcanzarme tomándome del ante brazo y atrayéndome hacia él.
Quedé tan cerca de él que mis fuerzas para empujarlo se desvanecieron y él me rodeó por la cintura para abrazarme con fuerza. Agachó su cabeza y cerré los ojos para evitar que mis lágrimas de coraje salieran. Y entonces me dijo algo que no esperaba.
—Y te amo Sophia, te amo tanto que por eso te protejo.