2.0 Noche de bodas al estilo Tremblay.

1159 Palabras
Noah me tenía cargando en sus brazos como lo hizo en el momento que nos casamos después de dar el “sí”. Me llevaba en sus brazos mientras nos dirigíamos a casa. Yo no paraba de reír de todas las tonterías que me decía. Cada vez me enamoraba más de él. —Sophie, hemos llegado —murmuró en cuanto estuvimos al frente de la puerta. Besó mi frente y me bajó delicadamente de sus brazos. Sacó las llaves y ambos entramos. Cerró la puerta detrás de nosotros y me abrazó por la espalda pasando sus manos entrelazadas por encima de mi estómago. —Te amo tanto, Sophie —susurró mientras dejaba suaves besos en mi cuello. Me estaba volviendo loca justo ahora. Sus manos entraron por debajo de mi blusa y acariciaron toda mi piel. Cada uno de sus toques me hacían experimentar sensaciones diferentes. Todas igual de agradables y con ganas de más. —Vamos a la habitación antes de que te haga mía en ese sofá —susurró y no pude evitar soltar una carcajada. Tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos para dirigirnos a la habitación de huéspedes ya que la nuestra estaba arriba y bueno, no teníamos tiempo para subir. Entramos y cerró la puerta detrás de él. Un escalofrío me recorrió por la espalda baja hasta llegar a mi nuca. Esto me asustaba un poco, yo soy de esas mujeres que juraron no perder su virginidad hasta después de casarse, y lo había cumplido, Noah sería el primero. Me tomó de la cintura y sus labios actuaron sobre los míos. Llevaba un ritmo acelerado y dulce a la vez. Retrocedí ante la fuerza que aplicaba sobre mí hasta que la parte trasera de mis rodillas sintieron la cama. Me fui sentando poco a poco aún con Noah sujeto a mis labios. Cuando por fin estuve completamente sentada Noah hizo que me acostara. Me sostuvo de la cintura y me cargó ligeramente para subirme más a la cama. Una risa brotó de mis labios y él sonrio. —Me estás volviendo loco Sophie, me estás haciendo perder la cabeza... Juntó nuestras frentes y ambas de nuestras narices rozaban sintiendo nuestras respiraciones agitadas. Sigilosamente llevó sus manos hasta donde mi blusa terminaba y besó mis labios mientras la subía lentamente. Lo ayudé a quitármela sintiéndome algo apenada. Noah me había visto antes en traje de baño, por lo tanto, no me incomodaba que me viera en sostén, pero ahora...ahora era diferente. Subió sus manos a mis mejillas acariciándolas con ternura mientras me besaba. Después buscó la liga en mi cabello y se deshizo de ella. Intenté desabrochar los botones de su camisa, pero los nervios no me dejaban. Justo ahora los botones parecían una clase de candado que se burlaban de lo frágiles que eran mis manos. Noah soltó una sonora risa y besó mis labios sin dejar de sonreír. —Yo te ayudo con eso, dulzura —susurró contra mis labios. Él mismo desabrochó los primeros dos botones dejando aún tres por desabrochar. Tomó mis manos y las puso en su torso. Se agachó hasta llegar a mi oído derecho y susurró. —Quiero que tú misma quites los demás, si no puedes, rómpela. Dirigí mis manos hasta el tercer botón y Noah mordió ligeramente mi hombro. No pude desabrocharlo y gemí ante sus besos en mi pecho. —Noah, si haces eso no podré... —solté en un jadeo y él rio como si estuviera orgulloso de eso. Me era difícil concentrarme en desabrochar cada botón, esa camisa se le lucía increíble y no quería romperla, aunque las ganas no me hacían falta. Quería verlo, siempre me ha encantado ver cada uno de sus tatuajes. Él pasó sus manos debajo de mi cintura bajando casi hasta llegar a mi trasero. Allí se encontraba en broche que hacía que mi falda se sostuviera. Sentí como lo quitó sin dificultad alguna y comenzó a bajar mi falda. Yo seguía luchando con su camisa, había logrado desabrochar uno, solo quedaban dos. —Te estás tardando mucho, Sophie. Su voz ronca y jadeante me hicieron perder el control. Era tan malditamente sexy que nadie podría resistirse a él, en mi caso, yo. Seguí intentando y por fin pude deshacerme de los últimos dos botones. Sonreí orgullosa y lo hice sacarse la camisa por completo. Miré sus tatuajes pasando mis manos por cada uno de ellos, acariciando su piel. Él cerró los ojos y colocó sus manos a mis costados permitiéndome mirarlo y tocarlo mejor. Abrió sus ojos y un brillo apareció en ellos, sonreí y él no tardó en besarme. —Eres mía Sophie, solo mía, ¿de acuerdo? —susurró contra mis labios. Asentí mientras me estremecía ante cada uno de sus toques. —No Sophie, no asientas, quiero oírte decirlo. Dejó de besarme para mirarme fijamente a los ojos. —Sí Noah, soy tuya —murmuré y de nuevo volvió a besarme. Pasó sus manos por debajo de mi espalda y desabrochó mi sostén. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Noah pareció notarlo y besó mi frente. —Que no te de pena dulzura, soy el único hombre que te verá así —besó mi nariz y luego mi mejilla. Sonreí ante su gesto y lo ayudé a sacarme por completo el sostén blanco que llevaba puesto. Sonrio mientras pasaba sus dedos desde mi cuello hasta mi estómago recorriéndome por completo. Arqueé la espalda ligeramente ante su suave tacto. —Eres hermosa. Sentí sonrojarme y luego me enfoqué en deshacerme de sus vaqueros, era muy injusto que él aún los tuviera y yo simplemente estuviera en ropa interior, bueno, una parte. Lo desabroché y él me ayudó a quitárselos poco a poco.  El calor subía cada vez más en nosotros, o por lo menos yo me sentía en llamas. Cada toque me provocaba distintas sensaciones. En menos de un minuto ninguno de nosotros tenía absolutamente nada de ropa. Me sentía un poco avergonzada, aunque fuera él. Nunca nos habíamos visto de esta forma después de dos años de ser novios. —Ahora, quiero que me repitas que eres mía Sophie, que me perteneces -jadeó agarrando con fuerza mis caderas. Sentí un escalofrío en mi cuerpo y abrí la boca para hablar. Casi suelto un grito en cuanto sentí a Noah dentro de mí. Era algo distinto a todo lo que había sentido hasta ahora, se sentía raro, pero bien. Era un poco doloroso, pero no se movió para que ambos de nuestros cuerpos se ajustaran a nosotros mismos. —Dilo amor, estoy esperando —susurró mirándome fijamente. Por alguna razón sentía la necesidad de que se moviera, lo necesitaba y tenía pena de decirlo. —Noah... —musité. —Soy tuya...solo tuya. Besó mi cuello satisfecho y comenzó a moverse de una manera que no puedo explicar, me estaba volviendo loca. —Te amo, Sophie. --- Abrí mis ojos con pesadez. Me sentía cansada a pesar de haber dormido. —Sophie, buenos días amor —escuché la voz de Noah. No lo podía ver debido a que tenía mi rostro contra la almohada. —¿Buenos días? —pregunté confundida. Se supone que cuando llegamos a casa eran las seis de la tarde. —Sí hermosa, dormiste casi todo el día después de... —pausó y no pude evitar sentirme sonrojada. Rápidamente recordé que estaba desnuda y miré debajo de las sábanas para verificar. Tenía ropa puesta, eso significa que Noah... Sentí como la cama se hundía a mi lado. Me giré para mirarlo. Se veía jodidamente sexy. Me acarició el cabello mientras me miraba con sus bonitos ojos verde esmeralda. Acarició mis mejillas con su dedo índice para después recorrer todo mi rostro. —Te ves hermosa —susurró y sonreí. —Tú eres hermoso —respondí y sus lindos hoyuelos se marcaron en sus mejillas. Besó mi frente y se levantó de la cama. —Bueno amor, es hora de levantarse, vamos ya a comprar cosas para que tengas aquí y cocines, así no tendrás que salir todo el tiempo mientras estoy trabajando. Asentí y me levanté estirándome. Él recogió las cortinas dejando que el sol entrara.  Me puse de pie y caminé al baño para lavarme los dientes y darme una rápida ducha. —Noah, me daré una ducha, no me tardo —avisé. Comencé a sacarme la blusa y con mi ante brazo empujaba la puerta de baño, pero algo lo impidió. Era Noah. —¿No pensabas meterte sin mi verdad? 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR