Varios días después
Desde que Niko se fue, mis días en este infierno han cobrado vida. Mi rostro poco a poco ha llegado a ser lo que era antes. Desde ese día, Gregory no ha vuelto a tocarme, él todavía sigue recuperándose del mal estado en que lo dejó Niko, ni siquiera ha salido de la casa, trabaja desde aquí.
Todo se dio según lo acordado cuando Gregory preguntó sobre lo que le había pasado, obviamente a mí no me creyó, pero cuando sus hombres le contaron la misma historia, el tema quedó zanjado.
Durante estos días, Niko y yo hemos mantenido contacto. Se siente bien conversar con alguien que sabe escuchar y está pendiente de mí, hace mucho tiempo que no experimentaba esto y es asombroso.
Hoy decidí bañarme en la piscina, no tolero ver constantemente a Gregory por la casa, es insoportable. Me coloco un bañador blanco de dos piezas a juego con una falda larga de malla transparente.
Salgo de la habitación y me topo con mi gran tormento. Me observa de arriba abajo y sonríe.
—Mantente en la piscina hasta que yo te diga, vendrán unos clientes y no quiero que vean a mi esposa deambulando por la casa casi desnuda.
Asiento y bajo la cabeza para continuar caminando. Cuando voy a pasar por su lado él me detiene.
—Me la pusiste dura con solo verte así, —coloca mi mano en su m*****o y yo trato de alejarla pero no me deja—. Te gusta provocarme, ¿no es cierto?
Comienzo a ponerme nerviosa.
¡Responde! —Grita.
—No, no es eso. Solo quise darme un baño en la piscina. Además, pensé que estabas trabajando y no me toparía contigo.
—Pues yo no lo veo así. —Posa su mano en mi espalda y comienza a bajarla hasta mi trasero.
—Gregory no, por favor déjame ir.
Suelta un ronquido en mi oído y sé lo que eso significa. Me toma por la mano y me introduce al cuarto oscuro. Una habitación con poca luz donde guarda cualquier tipo de juguetes y accesorios sexuales donde me tortura a su antojo.
Lágrimas comienzan a caer por mi rostro. Veo como se acerca al estante de los látigos y toma uno.
—Acércate.
Titubeo un poco, mi cuerpo tarda en reaccionar.
¡He dicho que te acerques! —Grita.
Inmediatamente me muevo y comienzo a caminar hasta donde se encuentra él. Se quita la camisa y da vueltas a mí alrededor pasando el látigo por mi cuerpo.
—Quítate lo que tienes puesto. —Dice
Hago lo que me pide hasta quedar completamente desnuda. Siento un frío espantoso recorrer por mi cuerpo. Me sujeta y comienza a atarme las manos a una jaula que hay dentro del lugar. Quedó con los brazos y pies abiertos, pero totalmente inmóviles. Mis lágrimas comienzan a salir de nuevo.
—Gre... Gregory... po... por favor, no hagas esto.
—Súplica, cariño ¡hazlo! Eso me encanta. Sabes muy bien que dentro de este cuarto nadie va a escucharte y podré hacer contigo lo que me venga en gana.
Trato de calmarme y recuperar mi compostura, pero a veces es imposible. Una parte de mí siempre guarda la esperanza de que algún día él encuentre a otra que lo satisfaga de este modo y me deje en paz, pero cuando recuerdo todo lo que me hace, pienso: No existe mujer alguna capaz de aceptar esto. Bajo mi cabeza y comienza la tortura.
Veo como se quita el pantalón y el resto de la ropa para quedar desnudo. Toma un vibrador y lo pone inmediatamente en mí clítoris.
¡No! —Grito. Comienzo a llorar y él solo sonríe.
¿No? —Siento el primer latigazo en mi espalda. Me retuerzo de dolor pero aprieto mis labios con los dientes para no decir nada más. El sabor de la sangre inunda mis papilas gustativas y Gregory al darse cuenta, se acerca a mí y me besa.
—Mmm que rico. —Dice. Toma otro vibrador más grande y lo introduce en mi sexo sin compasión. Un grito sale de mi garganta y él en vez de parar, aumenta los movimientos. Lloro, no tengo fuerzas. Un latigazo más, otro, otro, y otro... Mi llanto se puede escuchar por todo el lugar y eso a él no le importa.
Saca el aparato de mi sexo y toma otro, esta vez es doble.
—No, Gregory por favor, no lo hagas. —Ignora mis súplicas y sonríe.
Introduce el aparato en mi ano y mi sexo al mismo tiempo, mis gritos son más fuertes que antes. No aguanto el dolor tan desgarrador que siento en estos momentos. Este hombre no tiene piedad de nada en absoluto, mi fuerzas se desvanecen, siento un líquido correr por mis piernas. Se detiene y saca el aparato, tiene su mano llena de sangre y él solo saborea uno de sus dedos.
Mis piernas tiemblan, ya no puedo mantenerme de pie. Mis rodillas quedan flexionadas pero no caigo completamente al suelo porque estoy atada. Se acerca detrás de mí y trata de levantarme, mis ojos comienzan a cerrarse, pero antes,
siento como el introduce su pene dentro de mí. Comienzo a abrir los ojos poco a poco y me doy cuenta que me desmaye por unos minutos, él continúa aumentando sus embestidas y yo ya no tengo fuerzas para seguir.
Al cabo de un rato, suelta un ronquido que indica que ha terminado. Recuesta su rostro a mi espalda tratando de recuperar su respiración. Me ha destrozado tanto que mi mente quedó en blanco.
Veo como se dirige al baño que está dentro de la habitación. Después de varios minutos lo escucho de nuevo, se acerca a mí y veo que ya se ha bañado y está completamente arreglado. Comienza a soltar los agarres y yo caigo al suelo.
—Eres la mejor cariño, me encanta tu cuerpo. Recuerda lo que te acabo de decir. No estés deambulando por la casa vestida de esa forma. —Dice eso y se va.
Me quedo tirada allí en el suelo. Lloro desconsoladamente por todo el dolor que acabo de pasar y la vida de porquería que me ha tocado vivir con este hombre. “Niko, por favor sácame de aquí rápido”, pienso. Me acuesto en posición fetal y continúo llorando.
No sé cuánto tiempo permanecí así, pero decidí levantarme y limpiar todo esto. Porque de paso me toca limpiar el lugar y dejarlo como nuevo. Es el único sitio que no limpian las señoras del servicio, sería caótico que ellas vieran como queda el lugar luego de lo que Gregory me hace.
Después de bañarme y de limpiar todo, decido salir. La verdad me costó mucho, estoy muy adolorida y mis piernas se mueven con dificultad. Al llegar al pasillo me
doy cuenta de que ya está oscureciendo, permanecí casi todo el día en ese cuarto. Antes de abrir la puerta escucho una voz que me resulta familiar.
—Antonella... —Levanto la vista y es Niko.
Al verlo, mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas pero lo saludo rápidamente con un gesto y me adentro a la habitación. No quiero más problemas, si él se entera de lo que acaba de pasar, es capaz de matarlo ahora mismo. Así que decido cambiarme de ropa y acostarme.