Mateo Santos entró a una bodega abandonada en el sector norte de la capital. Allí se encontró con Katrina y Samuel, el exguardia de Cristóbal. ―Mateo, ¿qué haces aquí? Supongo que no te siguieron ―espetó el guardia al verlo. ―No soy como ustedes. ¿Cómo pudieron ser tan obvios? Estábamos a punto de destruir a Cristóbal y a su familia, ¡a punto!, y ustedes, ¿qué hacen?, se ponen en evidencia. Cristóbal se había creído el cuento de que yo te acosaba y que eras una pobre víctima de mi degeneración ―replicó burlesco. ―Lo siento, no sé cómo se dieron cuenta de que yo no era quien decía ser. ―Fuiste demasiado obvia, quisiste lanzarte con él, no puedes evitar tu esencia de puta, eso te delató. ―¡No me trates así! ―Te trato como quiera, ¿te das cuenta del alcance que tuvo tu error? Todo

