Cristóbal se asomó a la ventana de la habitación de Nicole, no se veía gran cosa, un patio con ambulancias, algunos automóviles que llevaban a sus enfermos a Urgencias, algo de gente transitando... Nada muy alentador. Suspiró profundo. No quería perder a su bebé. No quería perder a otro. Pensó que quizás él estaba maldito, no podía ser casualidad que dos de sus tres hijos estuvieran muertos y este cuarto por venir estuviera en peligro. Tal vez lo mejor sería... Sacudió la cabeza, no podía pensar ni por un segundo en dejar a Nicole, juntos superarían cualquier cosa, después de tanto tiempo, de tanto esfuerzo y de tanto sufrimiento, no podía siquiera imaginar vivir sin ella. ―¿Cristóbal? ―habló Nicole algo adormilada. ―Linda, ¿cómo te sientes? ―Tengo sed. ―Toma. El hombre la ayud

