Cuando subí al auto, esperé un momento y luego los vi acercarse. Los nervios me tenían al límite. El miedo hacia Anthony Dubois me paralizaba, pero ya estaba metida en esto hasta el cuello. El trayecto fue silencioso. Mis manos sudaban y mi corazón latía con fuerza contra mis costillas. El auto se detuvo frente a un edificio con luces de neón parpadeantes en un barrio que no reconocía. La música estridente y las risas amortiguadas se filtraban por las ventanas. Era un lugar sombrío, muy diferente a los salones elegantes donde habia ido con la señora o con el señor Thompson. —Recuerda el plan —me dijo Alejandro antes de que bajara. Su voz era grave, y por un momento, vi una chispa de preocupación en sus ojos. —Entras, buscas a Anthony Dubois, lo seduces, y cuando te dé la información, s
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