Estoy en la cocina al día siguiente, sentada y disfrutando de un café cargado que preparó Asunción, la cocinera. Me desvelé un poco y necesito recuperar fuerzas. — Usted parece haberse desvelado, señorita... —dice ella, con una sonrisa traviesa—. Igual que el señor y la señora. No se han levantado aún... y parece que durmieron juntos —susurra divertida. Enseguida ruedo los ojos. *Claro, ya estaba enterada, gracias*, pienso mientras me levanto para tostar mi pan. De repente, veo a Asunción mirando hacia la entrada. Volteo para ver qué la tiene tan absorta: es el señor Thompson, con su bata de baño y un gesto serio. — ¿Por qué le sorprende, Asunción? Es mi esposa. No sea tan entrometida —dice, caminando hacia la cafetera—. Buenos días, Jessica —añade. Asunción me mira avergonzada y nervio

