Ante unos repentinos gritos, Aaron despertó sobresaltado. —¿Liam? —pronunció asustado. —Estoy aquí, mi sol —respondió el alfa, sosteniéndole desde atrás. —¿Qué está sucediendo? ¿Quién grita? —preguntó preocupado. —No sé, pero iré a averiguarlo —anunció besando su hombro desnudo. —No, no vayas —pidió sosteniendo los brazos qué intentaron dejar de rodearle—. No sabes lo que está ocurriendo, te podría ocurrir algo malo —expresó observándole angustiado. —Todo estará bien, mi amor —aseguró el lobo alfa, sosteniéndole con fuerza—. Estamos en la casa, dudo que sea el único que salga a ver qué está ocurriendo —expreso intentando calmarle con su aroma y enviándole sentimientos calmantes a través de su enlace. —Irás de todas formas, ¿no? —pronunció bajito, girando en aquellos brazos para obse

