Cinco: Bennet

1378 Palabras
No sé por qué de repente todo lo que veo de él me parece atractivo, interesante, intrigante. De repente las dudas comienzan a disiparse como por arte de magia, como si un mago comenzase a mover su varita mágica alrededor de mi cabeza y en vez de esparcir chispas brillantes lo único que hace es eliminar mis ideas razonables y adultas. Mis pensares como mujer inteligente, al menos mínimamente. No puedo pensar con claridad. Esto está mal, sé que está mal. Sé que no debería de estar hablando con un completo extraño en un club nocturno atestado de personas de diferentes estatus sociales. Un club que también es conocido aparentemente por medio país. Un lugar que de verdad no es adecuado para una joven de 18 años. Recién cumplidos. Pero quiero vivir. Quiero experimentar. Muchas mujeres aún más jóvenes que yo han tenido sexo, han sido probadas, han sido tentada. Han sido seducidas. Sin embargo, aquí estoy yo, con 18 años y sin haber siquiera probado el néctar de los labios de un hombre. Sin familia biológica que me cuide y ame. Sin amigos más allá de Tatiana. Sin conocimiento alguno de la vida más allá de los desampares y tristezas, de las tribulaciones y desventuras. Necesito esto. Necesito poder sentir que soy una más. No porque quiero ser corriente, no porque quiero ser una más del montón, sino porque quiero introducirme en este mundo, en el mundo de la adultez. En el mundo de oder controlar lo que siento y lo que quiero. En el mundo donde puedo decidir por mi. Donde puedo tener el pequeño espacio de tiempo donde pueda decidir por lo que deseo por mi misma. —¿Qué es lo que me has hecho? — le pregunto mirando la copa vacía en mis manos mientras el hombre se coloca frente a mí y me retira la copa de las manos. El la deja sobre la barra y su mano pasa por mi cuello con lentitud. Siento un zumbido agresivo en mis oídos. Uno que no es provocado por la musca del lugar. — Creo que no te he hecho absolutamente nada, al menos no hasta el momento. —dice con lentitud. Casi saboreando las palabras. —más tarde sí, claro que lo haré. No una, sino muchas cosas, bella Milly. —¿A qué te refieres? — Creo que sabes muy bien algo que me refiero. — dice él con voz profunda sus ojos escrutando cada detalle de mi rostro. Sé que a lo mejor no soy la clase de mujer a la que él debe de estar acostumbrado a ligar en los bares. No soy una belleza tropical ni tampoco tengo pinta de modelo de piernas interminables y labios carnosos. No soy una mujer atractiva, soy común, trabajo para no ser corriente, intento leer, intento educarme a pesar de todas las aguas turbulentas en las cuales he tenido que caer en diferentes momentos de mi vida. —¿Por qué yo? —¿Por qué no tú, Milly? —¿Qué es lo que quieres de mí? —Lo que todos quieren, Milly. — no sé qué es lo que todos quieren, pero presumo saberlo. Sexo. Lo miro casi preguntándole, pero mis ojos lo hacen por mi. —¿ Eres virgen, Milly? —¿Qué? —Ya me escuchaste— susurra casi contra mis labios. Su perfume me embriagado, me marea, activa hormonas que no creí tener en mi cuerpo, deseos profundos que jamás pensé poder tener por nadie. — dime si lo eres y te aseguro que tendrás la mejor experiencia de toda tu vida. — ¿Por qué yo? — vuelvo y pregunto mi cabeza da vueltas, mis ojos intentan enfocarlo, sin embargo la intensidad con la cual me mira me limita a bajar la mirada, no puedo sostener la suya, no puedo verle a los ojos porque sé que le diré que sí a todo lo que me pregunté. Es que incluso le diría que si a lo que no me ha preguntado. Yo sé que estaré de acuerdo en todo lo que quiera hacerme. — ¿Por qué te limitas? ¿Por qué te sientes inferior? ¿por que no puedes creer que te encuentro atractiva y quiero pasar un agradable momento contigo? La música ensordecedora late en mis oídos, no sé cómo puedo escucharlo a él y a la vez sentirme tan incómoda con el alrededor. Con la interrupción del bullicioso bar. O quizás no le escucho y solo leo sus labios. Sus ojos son de un oscuro tan espeso como una noche nublada. El hombre coloca una mano en mi barbilla y me mira a los ojos. —Eres sin duda alguna una belleza impecable. Extraordinaria y peculiar. Azorada, estupefacta por el cumplido, no sé qué decir. Intentando comprender sus palabras, las analizo y no puedo creer que me esté diciendo que soy bonita. No lo soy. —¿Por qué me miras así? ¿por qué tus ojos son de un color tan oscuro e intenso? ladeo un poco la cabeza y repaso en cada parte de su rostro, su estructura ósea es prácticamente perfecta, su barbilla cuadrada lo hace aún más diferente, definitivamente interesante. Para rematar, peinado de forma tan perfecta que se ve distante, inalcanzable. —Jamás he tomado tanto en toda mi vida. —murmullo. —¿será que me tomo otro más…? —cavilo y me doy cuenta tarde que lo he dicho en voz alta. —Es tu cumpleaños, se supone que está permitido tomar. — Muchas personas opinaran lo contrario.. —Aunque no me conoces en lo absoluto y no lo harás, dejaré algo muy claro, Milly, te advierto que me da lo mismo lo que las personas puedan decir de mí.. — ¿Tú cuántos años tienes? Pareces tan… Pensante. —pregunto al sentir que mis ideas lentamente en comienzan a enfocarse, el murmullo, la desorientación, la lentitud de mis neuronas para procesar información comienzan a disiparse así como antes estaban disipando mi cordura. — Creo que mi edad aquí no es importante. Aquí Lo importante es saber si eres virgen y si quieres tener una experiencia que quieras recordar durante el resto de tu vida. De lo contrario, es caso perdido seguir conversando cuando podría estarte follando ahora mismo en mi apartamento. De igual forma te vas conmigo esta noche, princesa. —Te ves como esa clase de hombre. —le digo mordiéndome el labio inferior. —¿Me veo como una clase de hombre que sabe follar?— Él sonríe y yo me sonrojo —No, te ves como la clase de hombre que es difícil de olvidar. Él guarda silencio y siento que he metido la pata.. Y la conversación se hace cada vez más ligera, ya no me siento tan incómoda frente a él, con su cercanía, con su perfume colmando mis fosas nasales, con mi corazón palpitando a toda velocidad, mis pensamientos y remordimientos con relación a mi vida, amigos, a mi vida con Los Pérez, a mi desesperación por salir de aquella casa, a mi deseo de conseguir un buen empleo que me pueda dar lo suficiente como para alejarme de esta jodida ciudad, a mi deseo de poder comprarme la ropa, los zapatos, la comida que quiera sin necesidad de tener que heredar los que mis hermanas adoptivas van dejando; a mi deseo de que nadie pueda mandarme tan solo porque yo no tengo a un lugar a donde ir a dónde refugiarme.. — ¿Quieres acompañarme? Él me ofrece su mano aún no sé ni siquiera su nombre, entre abro los labios quiero decirle que sí quiero, decirle que lo que sea que él me vaya a ofrecer es mucho mejor de lo que he tenido en mi vida. Sin embargo nada sale de mi boca. —¿Milly? —¿Cómo te llamas? — pregunto después de varios segundos observándole. Segundos interminables donde él extiende su mano hacia mí como si estuviese esperando que se la sostuviera. — Bennet. —Bennet…? —inquiero esperando su apellido. —Solo eso necesitas saber— Concluye franco. —Basta de preguntas. Nos vamos. Esta vez, el. No espera que tome su mano, se acerca a mi boca y la reclama como suya.
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