Cuando regresó, lo vi venir y lo escuché decir que “no era lo que parecía” y quise creerle… de verdad que sí, pero el orgullo me pudo más “¿Ah, no? ¿Entonces qué es?” le solté con frialdad, tratando de ocultar todo lo que sentía. Su explicación fue vaga, pero no mentirosa y me miró con esa mezcla de culpa y deseo, y yo solo podía pensar en que algo dentro de mí ya estaba cayendo… cayendo por él. Y eso me asustaba más que cualquier otra cosa. Me alejé sin responder, sin discutir. Me senté junto a una mujer mayor que hablaba sin parar, y fingí escucharla, porque si no fingía, iba a romperme, porque si lo miraba una vez más, iba a correr hacia él y decirle que todo esto me importa más de lo que debería. Y entonces lo supe. Sofía no había venido solo a joderlo a él. Había venido a term

