—Zoe, amor, escúchame —Me pide Adam, deteniendo el auto en seco, antes de llegar a la entrada de la casa—. Mi madre, como ya te has dado cuenta, puede ser un poco intensa a veces —explica, con nerviosismo—. No sé cuales son los planes que haya hecho, pero no me huele nada bien que haya tanto vehículo estacionado fuera… —Espero que no sea como una presentación en sociedad —brome, pero Adam se queda impávido, sin reír, por lo que siento nuevamente un escalofríos recorrer mi columna vertebral—. ¿Es eso, verdad? —cuestiono y asiente. —Me temo que sí, Amor… —responde nervioso—. Creo que lo mejor, es que salgamos de aquí antes de pasar por esto… —Pasa los cambios en el automóvil y comienza a retroceder, pero lo detengo antes de que continúe. —Adam, detente un segundo, por favor… —Le pido. Ada

