Una semana después No imaginé jamás, lo difícil que me resultaría tener una relación con el jefe, sin querer saltarle encima, cada vez que no veía. A veces mis piernas tenían voluntad propia, queriendo correr a sus brazos y besarlo con todo el amor que siento hacia Adam, pero tenía que contenerme y aprender a controlarlo, tarea difícil, cuando cada día seguía acercándose a mi, a la misma hora, mirando para todos lados y robándome un par de besos locos. Incluso un día, una clienta nos vio y aunque nos sonrió cómplice, no es la idea correr esos riesgos, por lo que el fin de semana habíamos estado conversando sobre lo peligroso que sería si alguien nos ve, y aunque Adam no pierde nada si todos se enteran, soy yo la que se pondría en boca de mis compañeros, por lo que se me habían ocurrido u

