Como siempre, no faltó el hombre que por verme sola supuso que buscaba compañía, así que tuve que espantar a unos cuantos un par de veces.
Aún así, eso no arruinaba mi noche; la banda tocaba genial, yo podía sentir como mis emociones conectaban con su música y cómo recorría mi cuerpo, simplemente fue una noche inolvidable, no solo por eso sino también por lo que viene.
Antes de finalizar el evento, fui hasta la barra y pedí un vaso con un trago, allí, le incorporé la sustancia venenosa y le solicité al mesero llevárselo a la linda mujer rubia que estaba diagonal a la barra —la que me arrojó la bebida encima— y que le dijera que había sido de parte de un admirador secreto.
El mesero inocentemente aceptó hacerme el favor y yo aguardé serena en un rincón del bar, esperando los gritos desesperados de las personas que estaban a punto de presenciar mi gran acto.
Mientras esperaba, al igual que con mi padre, empecé a recordar cuantas cosas malas me había hecho Melannie, cuántas veces se había burlado de mí en la escuela solamente para ser admirada por los demás, recordé todas las bromas que ella y los demás me habían hecho por años simplemente por ser la excluida del salón… Irónicamente no pude evitar sonreír mientras aquellos recuerdos que habían hecho de mi vida un calvario pasaban por mi cabeza, a la espera del descenso de una de las principales causantes de dicho suplicio.
Miré a mi alrededor y todas las personas presentes se divertían; unos tomaban, otros se drogaban, otros cuantos estaban felices compartiendo el concierto con su pareja, y otros como yo, disfrutábamos en soledad de la deleitante música que nos ofrecían y de las emociones que con ella despertaban.
—¡Auxilio, un médico! —alcancé a escuchar gritar entre la gente.
—Melannie, Melannie, ¿qué te está pasando? —preguntaban angustiadas sus amigas.
Por su parte, Melannie se encontraba convulsionando en el piso del bar producto del veneno que había ingerido. Leí también que éste, rompía de inmediato las capas estomacales así que supongo que también sentía un dolor que la mataba por dentro.
Todas las personas a su alrededor y sus amigos intentaban ayudarla pero era en vano. Incluso, si lograban llevarla a un hospital, estaba completamente segura que de nada serviría pues cuando les dije que era una sustancia sumamente letal, no lo dije bromeando.
Recuerdo que Melannie estuvo en el piso por unos diez minutos hasta que finalmente dejó de respirar, sin causa aparente.
Todos en el lugar estaban conmocionados… ¡Incluso yo!, de verdad me sorprendía como con el pasar de los días mi potencial aumentaba, sin duda estaba decidida a continuar sumando experiencias con lo lindo de la química y todo lo que nos ofrece su maravilloso mundo.
El bar fue acordonado por policías e investigadores, personas entraban y salían y yo aproveché y entre tanto tumulto, me oculté y logré salir sin levantar ninguna sospecha.
Tomé un taxi y le pedí que me llevara al centro de la ciudad, y una vez allí, caminé sin rumbo por horas acompañada de mis cigarrillos que ahora eran infaltables para mí; realmente no imaginan cuán de ayuda me es la nicotina en mis situaciones de estrés o ansiedad.
Después de estar divagando por las calles de Filadelfia recordé que había muerto alguien en el lugar en el que yo estaba, así que probablemente tendría a mi madre con los pelos de punta porque yo aún no regresaba a la casa y la muerte en el bar estaba en boca de todos.
Llegué a mi casa, y como lo supuse, mi madre estaba en la sala sin poder dormir, preocupada pensando que la mujer atacada hubiese podido ser yo. Intenté de calmarla un poco y para hacer más creíble mi actuación lloré diciéndole que la víctima era compañera mía de la escuela y que el hecho me había conmovido demasiado.
Nos quedamos conversando un rato y fue a prepararme una infusión de hierbas que servían como calmantes —en realidad deseaba brindar por lo ocurrido—, lloramos juntas diciéndonos que jamás nos separaríamos y luego de un rato terminamos por irnos a dormir a nuestras habitaciones.
Al día siguiente, encendí la tele mientras desayunaba para irme a estudiar, y en todos los noticieros estaba la primicia de la misteriosa muerte de Melannie en el épico concierto que se había presentado la noche anterior a las afueras de la ciudad. Además, afirmaban que una autopsia realizada a la joven, arrojó como resultado la presencia de una sustancia venenosa en el organismo de Melannie.
Entre tanto, los policías anunciaban ante las cámaras que pondrían todo lo que estuviera a su disposición para esclarecer el hecho de muerte de la joven, que además era reconocida en la preparatoria a la que asistía.
No le di importancia y cambié el canal, pero un grito de mi madre que se encontraba en la cocina, ocasionó que de inmediato regresara la noticia que tenía conmocionados a los habitantes de la ciudad.
—Déjalo que es importante, ¿qué tal que estén dando datos del posible asesino?, debemos estar atentas.
—Tienes razón mamá —contesté—, tenemos que cuidarnos porque quizás hay un asesino rondando en la ciudad.
—Kris, por favor, no salgas tanto que tú siempre estás sola. —suplicó.
—No te preocupes mamá, sé muy bien cuidarme sola. —respondí.
—Eso lo sé, pero hay mucho mal suelto en la ciudad, moriría si algo te pasa ―refirió con sosiego.
―Ya te dije madre que no tienes de que preocuparte.
―¿Cómo que no tengo de qué preocuparme? ―exclamó.
―Sí mamá, te prometo que tendré más cuidado.
―Kris, eres tan rebelde, te estoy hablando en serio.
―Yo también te estoy hablando en serio mamá.
No encontraba una manera de hacerle entender que no me ocurriría nada y que de ser así sabría como salir invicta. De hecho, en ocasiones sentía impulsos de decirle que todo era obra mía, incluso la muerte de papá, pero antes de hacerlo algo me detenía y de esa forma pude guardar el secreto durante años.