Capítulo 7

1044 Palabras
Al día siguiente, ultimé los detalles de la visita junto con Tiffany mientras estábamos en la universidad. Acordamos que viajaríamos el viernes en la noche luego de mi trabajo, para llegar de sorpresa esa misma noche. Le comenté además sobre las compras que hice la noche anterior, y a decir verdad, estaba más emocionada que yo por el viaje. Nos encontrábamos en uno de los espacios del campus caminando y hablando sobre el viaje. En un momento de distracción, no logramos ver que un grupo de estudiantes venía por donde nosotros pasábamos y una de ellas traía una bebida en la mano. Tiffany, accidentalmente tropezó con la chica derramando toda su bebida sobre ella. La mujer, sin mediar palabra ni escuchar disculpas, se lanzó sobre Tiffany y la golpeó en repetidas ocasiones. Por mi parte, intenté intervenir pero la mujer furiosa tenía tanta fuerza que de un sólo golpe me mandó al suelo. La golpiza sólo se detuvo cuando unos chicos decidieron intervenir y separar a la atacante de Tiffany. El resultado, no fueron solamente algunos golpes y moretones; sino también la humillación ante toda la universidad. Muchos se solidarizaron con ella después de la paliza, pero cómo siempre, hubo otros tantos que no, y por el contrario sólo se burlaron del ataque. Enseguida, decidí salir con Tiffany de la universidad y fuimos a un parque cercano al campus. Allí, pasamos por una farmacia y le conseguí algunas pastillas para el dolor. —¡Está loca, una psicópata! ¿Cómo es que me ataca así por un simple tropiezo? —preguntó indignada. —No lo sé —contesté —, estoy igual de sorprendida y enojada que tú. —Me las va a pagar —mencionó ofuscada —, de alguna manera me las va a pagar. —¿Qué piensas hacer? —pregunté. —No lo sé, ya veremos después —contestó. —Es una maldita. Ya veremos.. —comenté — ¿Qué te parece si me acompañas a mi trabajo y de allí vamos a descansar a mi apartamento mientras salimos de viaje? —Me parece excelente, cualquier cosa que me distraiga de semejante paliza está bien, ¿Me darás helado? —¡Todo el que quieras!. Aún tenemos una hora antes de entrar, ¿vamos por una cerveza? —¿Sabes? Empiezo a amar tus planes —mencionó mientras una leve sonrisa borraba la tristeza de su rostro—, ¡Vamos! Salimos entonces, juntas hacia un bar cercano y al llegar pedimos una mesa para las dos. Nos acomodamos, pedimos un par de cervezas y disfrutamos en un buen rock que ponían en el lugar. Pasamos un rato agradable, y después salimos camino a mi trabajo. Al llegar, presenté a Tiffany con Marshall y le comenté que me acompañaría hasta terminar la jornada laboral. Marshall, no puso reparo alguno en la situación, así que comencé a trabajar con normalidad, mientras Tiffany aguardaba sentada en una mesa escuchando música. La tarde de trabajo estuvo algo ajetreada, así que Marshall me dio unos minutos más de lo habitual para descansar y comer helado con Tiffany. Mientras comíamos, no parábamos de hablar del buen fin de semana que nos esperaba y las expectativas que tenía mi amiga con la ciudad ya que nunca antes había ido. Terminé de trabajar y me marché de la heladería junto con Tiffany. En el camino, mientras hablábamos coincidimos en que teníamos suficiente licor para llevar, así que podríamos abrir una botella al menos, antes de encaminarnos rumbo a Filadelfia. Llegamos al apartamento y Babou nos recibió con tal alegría; como si supiese que viajaría con nosotras a visitar a nuestra familia. Saltaba, corría de extremo a extremo del apartamento mientras sus pequeñas patas sonaban contra el suelo. Pronto, sentimos hambre y Tiffany se ofreció a preparar la cena, mientras yo terminaba de preparar las maletas de ambas. Bebimos, reímos juntas a carcajadas —realmente sentía que había encontrado una amiga—, cenamos y también jugamos un rato con Babou. Finalmente, llegó la hora de ir hasta la estación de buses y tomar la última ruta hacia Filadelfia que salía las 10:00 p.m. Durante todo el viaje hablamos y decíamos una que otra incoherencia como efecto del licor que habíamos ingerido. Tal vez pensarán que una persona normal, detestaría el alcohol por los antecedentes de mi padre y su maltrato, sin embargo no era así. Podía tolerarlo, sin traer a juicio escenas del pasado perpetradas por el alcohólico de mi padre. En medio de nuestra conversación, Tiffany mencionó algo que hizo eco en mi cabeza durante todo el fin de semana : —¿Crees que sería capaz de hacer lo mismo que tú? —cuestionó. —¿Lo mismo que yo? —pregunté anonadada—, ¿A qué te refieres? —Tú entiendes de qué te hablo Kris… —Sé más específica —insistí. —Sí… ¿Crees que tendría la valentía de terminar con la vida de alguien? No supe que responder en el momento, en realidad no sé si fue a causa de los tragos, o la impresión de escuchar esa pregunta de boca de Tiffany, o tal vez era todo junto. —No digas estupideces ahora, estás ebria. Duerme que aún nos quedan unos minutos de viaje —contesté, al tiempo que acariciaba su cabello buscando hacerla dormir. Continuamos por carretera y kilómetros más adelante el bus se detuvo anunciando la llegada a Filadelfia —y por suerte que llegamos porque ya empezaba a marearme—. De inmediato, desperté a Tiffany y caminamos unas cuantas cuadras hasta llegar a la casa de mi madre y Frank. Toqué el timbre y mi madre salió emocionada a la puerta. Su rostro reflejó una alegría incontenible y gran sorpresa; sin duda estaba feliz de verme. No dudó en abrazarme fuertemente al tiempo que me cuestionaba por qué no le había anunciado mi visita. —Mamá, ella es la amiga de la que te he hablado. —¿Tiffany me habías dicho, verdad? Un placer conocerte —respondió amablemente dirigiéndose a mí amiga. —El placer es mío señora, Kris me ha hablado maravillas de ustedes. Luego de presentarlas, pasamos a la sala y allí estaba Frank, quién también nos saludó con sorpresa y emoción.
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