Justo cuando Lucia estaba a punto de dar permiso a las chiquillas para coger los bastones de madera y comenzar la competición para romper la piñata, la sombra de un gran pájaro con las alas irregulares se deslizó elegante y sinuosa atravesando el jardín en donde se encontraban. Anna y Laura levantaron la mirada y, casi al unísono, exclamaron: ―¡Un azor! ¡El pájaro preferido de nuestro padre! A Lucia le dio un vuelco el corazón. ¿Sería una señal? ¿Andrea estaba a punto de volver? Y las niñas, que hacía tanto tiempo que no veían a su padre ¿como recordaban este detalle? Levantó también ella la mirada para seguir las evoluciones del ave rapaz. La vio dar vueltas en el aire, ir hacia arriba para luego descender decidido en picado más allá del centro habitado de Monsano, hacia Morro. Escrutan

