Los planes de futuro no se trazan en mapas grandiosos ni en agendas digitales llenas de tachas eficientes; se construyen en las grietas del día a día, en las conversaciones susurradas a medianoche y en los momentos robados donde el amor se siente tan sólido como el anillo que ahora pesaba —deliciosamente— en mi dedo anular. Habían pasado solo semanas desde la propuesta bajo el roble de la mansión, pero ya el mundo parecía inclinarse hacia nosotros con una gentileza que contrastaba con el torbellino de nuestro comienzo. El departamento, nuestro nido provisional, bullía de energía creativa: bocetos esparcidos por la mesa del comedor —mis diseños gráficos para un portafolio final que apuntaba a honores en la graduación—, y planos arquitectónicos desplegados en el suelo del salón, donde Cris s

