Al fin había llegado el momento de vivir con libertad y dejar de ser una sombra. Su ego de hombre y su ansiedad de poder habían llevado a William a creer en una mentira que el mismo había inventado, todos y cada uno de sus pasos estaban siendo sobre arena movediza y aun no se percataba que estaba cavando su propia tumba. Después de una buena sesión de sexo con la mujer que amaba, termino con un cigarrillo entre sus dedos y dejando salir el humo de su cuerpo de manera pausada mientras por el balcón la veía marcharse, nunca se había quedado a pasar la noche con él, seguía arraigada a su tradición y aunque el sexo era bueno ella seguía imaginando que sus brazos eran los del Capo turco y no los de él. Mirar como se iba era duro, pero debía seguir permaneciendo a la sombra de todos. SI bien

