- La primera mi señora. Esas palabras hicieron que Mauricio volteara hacia Jocelin y mirara desconcertado, aceptar la primera opción era condenarse a la obscuridad absoluta de la mención donde ellas habían entrenado, las mujeres que allí vivían estaban condenadas a la soledad eterna, una que se les había concedido como una pequeña muestra de afecto por parte d ellos Capos después de ellas haber cometido un acto de rebeldía que había puesto en riesgo a la Famiglia. Por primera vez en la vida los ojos de la peli negra se llenaron de lagrimas frente a Montserrat y Mauricio. Después de llegar con la Famiglia ella no había vuelto a llorar, se había prometido a si misma que sus lágrimas solo volvería a ser derramadas por aquellos que en realidad lo merecieran y en este caso la Regina lo

