Caminamos por el puente hasta el Castillo de Sant'Angelo. Las farolas están encendidas y no hay muchos turistas porque es algo tarde. Ya habíamos ha entrado a verlo esta mañana, pero ahora estábamos aquí, intentando volver al metro para así poder llegar al hostal. — No me importaría vivir aquí —digo—, es muy bonito. — A mí tampoco —responde él. Y es que, si él quería, podríamos formar una vida aquí porque yo no pertenecía a ninguna parte. Mi corazón no estaba en Florida, mi corazón estaba aquí, conmigo. Lo único que me unía a Florida era mi familia, amigos y él. Tardamos en llegar al metro porque antes tenemos que pasar por el Vaticano y nos quedamos un rato abrazados en unos escalones admirando la plaza de San Pedro. Apenas quedaban unos días para que él se fuera y no quería. No que
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


