10

1685 Palabras
El teléfono empezó a sonar enloquecido. Quizás siempre tenía ese tono, pero nunca lo parecía. Podía ser que lo oyese diferente porque era de noche. O mejor dicho madrugada. Eran las seis. Se levantó perezosamente de la cama y bajó las escaleras para contestar. ─¿Quién es?─murmuró Sophie, aún medio dormida. ─Soph… no… no sé qué sucede… yo… ─Shawn, ¿qué pasa?─preguntó. Se había despejado de golpe en oír la voz alterada y perdida de su hermano. Oía ruido de fondo. ¿Agua? También se oía algún coche y poco más, además de la respiración de su hermano. ¿Tenía realmente problemas o simplemente tenía alucinaciones? ─Yo… ─¿Dónde estás, Shawn? ─Ha’Penny… ─¿El puente? ─Eso creo… ─No te muevas de ahí. ─Soph… no… Colgó, subió a su habitación. Se puso unos pantalones deportivos y un jersey cualquiera, además de las bambas. Cogió su cartera y las llaves, salió de la casa, acelerada, y se metió en el coche y condujo tan rápido como podía para llegar donde se suponía que se encontraba su hermano.  Llegó minutos después y redujo la velocidad para mirar a los alrededores. Vio de repente a alguien sentado en el suelo. Paró y se bajó del coche para acercarse. Shawn estaba temblando, abrazado a sus piernas. Sophie se agachó delante de él, quien levantó la mirada y se quedó mirando a su hermana. A pesar de la poca luz pudo ver sus pupilas dilatadas, el labio partido, un pómulo morado y los nudillos ligeramente heridos. Estaba drogado y se había peleado con alguien. ¿Cuántas veces iban con esta? pensó ella.  ─Shawn, vámonos. ─No sé qué… ─Levanta… iremos a casa. ─¿Sophie? ─Sí. Soy yo. ─No deberías venir. ─Me has llamado, y soy tu hermana. ─Papá se cabreará… ─Nadie se va a enfadar, Shawn. ¿Puedes andar? El chico asintió levemente. Se puso en pie, dejando ver su camiseta. Rota, sucia, sudada y manchada de sangre. Sophie se quedó parada, mirándole. No había una cantidad alarmante como para pensar que alguien podría morir, pero era demasiada por una simple pelea. Y dependiendo de si era de él o de otra persona, podía significar que no iban a ir a casa. Su vista se empañó y poco después empezó a notar su propio rostro mojarse. Había pasado bastante tiempo desde que había llorado. ─¿Por qué?─susurró.─¿Por qué haces esto? ¿¡Es culpa mía!? ─Sophie… Apretó los dientes y se secó las lágrimas.─Olvídalo. Tampoco sirve preguntarte nada ahora. Vamos a casa… ─Cámbiate de ropa y duerme, ¿está bien?  ─Sí… ─Bien… Descansa. Sophie se quedó en el pasillo, fuera de la habitación de su hermano. Se esperó unos quince minutos y volvió a entrar. Estaba en la cama. Cogió su ropa, tanto la camiseta como los pantalones, y bajó al salón. Revisó los bolsillos de los pantalones y tal como esperaba encontró un sobre de plástico vacío y otro con unas pastillas. Se las guardó y se quedó mirando la camiseta. No sabía qué hacer. Sabía cuál era su obligación como policía, pero se trataba de su hermano. Y eso siempre hacía que dudase. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el teléfono sonando de nuevo, aunque esta vez era su móvil. Cuando vio la pantalla supo lo que venía. Eran más de las siete y Jack Murphy estaba llamando. Las 6:55 eran de la mañana, ya no lo dudaba. Había otra víctima. ─Aquí Doyle. ─Academy Plaza. Date prisa. ─Sí...─murmuró, justo antes de que la llamada se cortase. Suspiró. Se fue a su habitación, se cambió de ropa y volvió a bajar. Cerró con llave la puerta de entrada y cogió el coche para ir al hotel que le había dicho su jefe. Era uno de los más conocidos y céntricos de la ciudad. El exterior estaba rodeado de coches patrulla, una ambulancia y cadenas de televisión empezaban a agruparse en las puertas. Oyó cómo informaban de una muerte, pero parecía que no tenían ningún detalle. ─¡Agente Doyle!─exclamó alguien. Sophie se giró para ver a una presentadora de uno de los canales de noticias del país. Ya se conocían. En su anterior caso había tratado de entrevistarla, pero lo había rechazado porque estaba ocupada. Y ahora iba a hacer lo mismo.─¿Sabe lo que ha ocurrido? ─Como pueden comprobar, acabo de llegar. No sé qué ha sucedido ni quién es el responsable, pero le vamos a pillar. ─¿Cuando salga podría darnos nueva información? ─Yo no soy quién decide lo que se puede decir y lo que no. Hablad con mis superiores. Sophie siguió andando y entró al hotel. Habló con un policía y le dijo que el cuerpo estaba en la 308. Ella asintió y subió por las escaleras, aunque mientras subía se dio cuenta que eran algo complicadas y parecía fácil perderse. Llegó a la habitación y después de enseñar la placa, algo innecesario ya que muchos la conocían, entró a la habitación. Como siempre, los de la científica habían sido los primeros en llegar. Aidan O’Reilly y Jack Murphy también estaban en el interior, y apoyado en una pared, más alejado John Beckett. Parecía analizando la situación, y era normal. A los pies de la cama había una mujer sentada en el suelo. A su alrededor pétalos de flores. Eso era lo más parecido al dibujo, pero había algo que no cuadraba. La ropa. No llevaba pantalones ni camisa, sino que una camiseta de manga corta, aunque sí que era blanca, como la ropa de las demás víctimas. ─Veo que ya has llegado...─comentó Murphy en verla. Sophie asintió y se acercó. ─¿Cuándo la han encontrado? ─Hace unos veinte minutos. ─¿Cuánto lleva muerta? ─Aproximadamente una hora─contestó Brianna Moore. ─¿Por qué aquí? Hay cámaras de vigilancia. ─Que oportunamente no grabaron nada─dijo Ryan Fitzgerald, entrando a la habitación.─Así que seguimos igual. ─¿Cómo has dicho?─preguntó Aidan. ─Anoche de alguna forma se perdió la señal de todas las cámaras y no grabaron nada desde las doce hasta hace poco rato. Las primeras imágenes son de la mujer de la limpieza entrando a la habitación. ─¿Por qué entra a estas horas?─cuestionó Sophie, mirando a sus compañeros. ─Había el cártel de “por favor, limpiar”─explicó Aidan, observándola atentamente. ─¿Me tomas el pelo? ─Lo siento, pero no. ─Esto deja claro que es un narcisista─comentó entonces John.─O bien que quería que encontraran el cuerpo rápidamente. Quizás quiere matar a alguien más en menos tiempo, o puede… ─¿Qué?─presionó Aidan, aunque tenía una expresión de disgusto poco común en su rostro.─Ilumínanos con tu sabiduría, psicólogo. ─¿Qué tal si le respetas?─espetó Sophie.─¿Te molesta que no sea policía o qué? ─Doyle─cortó Jack. Cruzaron las miradas y ella se acercó a Beckett. ─¿En qué estás pensando, John? ─Los medios han llegado muy rápidamente. Va a salir en la tele… quizás no la escena, pero se sabrá que hay un asesino. Que no hay pistas… Y quizás quiere ver realizado su sueño. Es narcisismo, pero si no lo viera no se sentiría realizado. ─¿Qué quiere decir eso? ─Si quería que encontraran el cuerpo tan pronto puede que sea porque los periodistas pueden informar de esto en las noticias de la mañana. Puede ser que solo vea la televisión pronto…  ─Así que este tío trabaja, ¿significa eso? ─Sé que no es… ─Todo el día hablarán de esto, incluso por la noche. No tiene sentido─cortó Ryan. ─Sí lo tiene. ¿Cuándo llegáis por la noche a casa, veis las noticias?─preguntó Sophie. ─Más bien trato de no verla. Estoy cansado y no quiero entretenerme con nada─dijo Aidan.─¿Y qué? ─Quizás nuestro sujeto también trabaja varias horas y está cansado. Quizás esto le da energía, ver su arte.  ─Bien, tenemos entonces un asesino que trabaja. Sociópata. Hay muchos sueltos, no sirve. ─Es mejor saber algo que nada. ¿Hay otro dibujo? ─Siempre hay otro─comentó Murphy. ─¿Y quién es ella? ─Mary Bower. Trabaja en un museo─respondió Brianna. ─¿Está directamente relacionada al mundo del arte? ─Eso parece. Igual que a primera vista también parece estrangulada. ─Y ninguna pista… como siempre, ¿verdad? ─No. Hay algo. Hace nada que lo he encontrado─cortó Brianna. ─¿Qué es?─preguntó Murphy. ─Parece pelo púbico. Pero ella es rubia y el pelo es n***o. ─Entonces ya le tenemos─dijo Aidan, sonriendo, igual que Ryan. Pero Sophie no estaba tan segura. James Quinn. 34 años, soltero, camarero en una cafetería. Graduado en una escuela de arte. Según los de la científica, él era el dueño del pelo que habían encontrado en el hotel. Ryan y Flynn fueron a buscarlo a su apartamento, mientras que Sophie se quedó en la central con John, analizando el dibujo nuevo. Aidan había vuelto a su casa a desayunar, mientras que Murphy estaba haciendo un par de llamadas. ─Hay algo que no me convence─murmuró Sophie. ─Yo tampoco lo tengo claro. ─Este dibujo… ─Odio, rabia… en los otros eso no se veía. Quien sea esta persona… ─Es la última… si no se descontrola. ─Con ese dibujo, empiezo a dudar si no está fuera de control ya. ─No será él. Por alguna razón parece que le ha inculpado, pero… ─Descubrirás la verdad.  ─Yo no estoy tan segura. ─¿Has dormido? ─No demasiado. ─¿Por? ─Shawn. Ni siquiera debería estar aquí. ─¿Está en tu casa? ─Sí… pero… ─Aún no has desayunado. Vamos. Si Murphy pregunta, inventemos algo. ─Está bien. John le tendió una mano a Sophie para ayudarla a levantarse, y después de pensarlo unos segundos, se la cogió. Estaba cálida y era más grande que la suya. Alzó la cabeza para encontrarse con la mirada de él y mientras aún le cogía la mano, se quedaron uno frente al otro unos segundos. Sophie reaccionó, le soltó la mano y desvió la mirada para después salir del despacho con John detrás.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR