Dejo de mirar a la mujer que lo tiene enroscado como si fuera una víbora y lo miro a él. —Creo que es momento de que me vaya —digo. —Tenemos que hablar —dice, asiento sin negarme. —Linda, espérame en mi habitación —le dice a la morena que está a su lado. La chica asiente, le da un beso en su mejilla y se adentra a la casa en busca de la habitación. Dejo de prestarle importancia a la mujer y me enfoco en el ángel. —Vamos a mi despacho. Comienza a caminar y voy detrás de él. Entramos a otra habitación que no tiene cama tiene un escritorio con una computadora y un estante lleno de libros. —Siéntate. Hago caso a su indicación y me siento en uno de los sillones, él se sienta a un lado de mí. Se me queda viendo y aclara su garganta. —Aún no te has recuperado. —Claro que estoy bien, me

