El portón eléctrico se cerró tras de Nicolás con un sonido seco. La casa estaba en penumbras. Nadie sabía que había estado en el hospital. Nadie se había percatado de su ausencia. Subió las escaleras con pasos pesados, directo al segundo piso. No fue a su alcoba, ni a su despacho. Su destino era otro. Se detuvo frente a una puerta blanca con detalles de mariposas rosadas. La abrió despacio. Nataly dormía plácidamente, abrazada a su peluche favorito, con las sábanas revueltas y el cabello castaño esparcido sobre la almohada. Una lámpara tenue iluminaba su rostro redondo, con pestañas largas y labios suaves. Parecía un ángel. Nicolás se acercó en silencio, se sentó al borde de la cama y le acarició con suavidad el cabello. Era tan parecida a Noelia… pero también a Naomi. Pero él no re

