Seré todo lo que tú quieras… pero no eres mi dueño.

1445 Palabras

La puerta del baño se cerró con un suave clic, pero en el pecho de Noelia fue como un portazo. Se apoyó contra la pared fría de mármol, resbaló lentamente hasta quedar sentada en el suelo, abrazando sus rodillas. La ropa arrugada, el cabello suelto, los labios hinchados por los besos que no debieron ocurrir. Y entonces, rompió en llanto. Lloró en silencio primero, como si aún temiera que Nicolás pudiera escucharla del otro lado de la puerta. Pero luego ya no pudo contener los sollozos. Su pecho subía y bajaba con cada espasmo de dolor, con cada recuerdo que le quemaba por dentro. Pensó en él, en su mirada fría, en la forma en que la había tomado con desesperación y furia y en cómo, segundos después, la había tratado como si no valiera nada. Como si solo fuera un instrumento para mantene

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