Ethan –“No puedo creer que quieras terminar una amistad de tantos años por una riquilla que apenas conociste hace unas semanas” –“¡Ethan! ¡Contesta el maldito teléfono!” –“Ella se lo merecía ¿Sabes? No mereces una mujer así, no está a la altura de la buena personas que eres” –“Lo lamento… ¿Podemos hablarlo?” Los mensajes de audio, texto y llamadas perdidas de Helena no parecían cesar. Nunca habíamos tenido una pelea de esa magnitud así que pude comprender su desesperación hasta cierto punto, ya que nada justificaba aquel nuevo comportamiento histérico y loco. Luego de separarla de Marcela fuera del restaurante en el que la encontramos con Alexander, paré un taxi que la llevara hasta su consultorio. Ni siquiera me molesté en subir con ella para dejarla en la puerta, le di un par de

